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¿Conoces el Poder de la Oración? (Un testimonio impresionante)

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Una mañana de octubre me desperté en la madrugada para reflexionar y me percaté que de alguna manera mi relación con Dios se estaba enfriando. Tenía tantas cosas en la mente, proyectos, trabajos, dificultades por superar y apenas me quedaba tiempo para la oración.

Descuidé la misa diaria, mis visitas al sagrario y las cosas iban empeorando.

Algo estaba mal.

Esa madrugada me levanté para pensar. A esa hora todos duermen en casa y hay silencio en la calle. Es un momento maravilloso para estar a solas con Dios.

“¿Qué ha ocurrido Señor?”

“Estoy aquí. Contigo”.

“Pero no te siento. Ni te escucho”.

“¿En este momento me escuchas? ¿Sientes mi presencia?”

“Sí”.

“Es porque me has dedicado tiempo. Madrugaste para estar un rato conmigo…”

En ese instante me di cuenta. Es verdad lo que escribió un sacerdote: “A veces descuidamos a Jesús, por las cosas de Jesús”.  Nos afanamos tanto por hacer cosas y olvidamos lo fundamental, estar a asolas con Dios, orar.

La oración para mí es permanecer en Su presencia amorosa.

“En la Biblia hay tres verbos que están muy relacionados: “el clamor, el Invocar, el llamar. Implican una necesidad. Dios nos invita a que le respondamos, a tener una disposición de búsqueda. Debes tener una actitud de apertura a la llamada del Señor”. (Padre Teófilo Rodríguez)

 

 

Dios nunca deja de llamar, de buscarnos y mostrarnos el camino. Incluso lo ha dicho con claridad. El mismo Jesús lo señaló: “Yo soy el camino…”

Estaba tan a gusto con Dios a esa hora del día. Me habría gustado detener el tiempo y quedarnos allí, Dios y yo. Cuando experimentas su amor, nada más te satisface. Los bienes de este mundo, los deseos, todo pasa a un segundo plano. Incluso las dificultades dejan de pesar tanto. Sabes que son temporales, una gracia para fortalecer tu fe, si las aceptas y ofreces.

No creas que en este momento me siento un hombre de oración. Cuando alguien me pide que rece por él, suelo decir: “Con mucho gusto ofreceré mis pobres oraciones”. Son pobres mis oraciones, porque no he logrado llenarlas de amor y misericordia. A menudo me distraigo y no oro con el corazón.

Pero no me desanimo. Sé que es algo natural en el crecimiento espiritual. Un niño primero gatea, después camina y al final corre. Aquí, con la oración, es lo mismo.

Decídete por la oración, cambiará tu vida.

Y si te cuesta orar, pide la Virgen Santísima un poco de su amor por Jesús. Verás la diferencia en el AMOR.

…………..

 

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