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¿Cómo puedo acercarme más a Cristo? (Respondemos una bella inquietud)

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No soy muy bueno con los avances tecnológicos. Dicen que cada uno tiene sus talentos.  El mío definitivamente no  es la tecnología. Esta mañana hice “Clic” sobre un botón de Facebook que nunca había visto y de pronto me aparecieron mensajes que más de 5 meses acumulados, de personas que me hacían consultas, me contaban sus experiencias con Jesús en el sagrario y otros me compartían testimonios bellísimos.

Veo cuánto aman al buen Jesús y eso es maravilloso.

Una joven me hizo una pregunta que llamó mi atención: “¿Cómo puedo acercarme más a Cristo?”

Suelo responder a esta pregunta de dos formas.

La primera es muy sencilla: “Amando”. Los primeros mandamientos de Dios nos hablan del amor. “Amar al prójimo”.  El mismo Jesús nos indicó que cuando hacemos por amor en su nombre cualquier cosa por nuestros semejantes, a Él se lo hacemos.

La segunda es haciendo su voluntad. Viviendo el Evangelio.

«Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.» (Juan 14, 23)

Muchos santos de nuestra Iglesia se conmovieron por el dolor de un pobre o un enfermo, lo abrazaron para darse cuenta poco después que era el mismo Cristo que se les había aparecido en forma de ese pobre. San Juan de la Cruz recogió a un enfermo moribundo y mal oliente en la calle. Lo cargó hasta un hospital. Allí limpió sus manos y sus pies para descubrir las llagas de Cristo. Igual le pasó a san Francisco de Asís con un leproso y a san Alberto Hurtado una noche de lluvia con un pobre hombre que tiritaba de frío. San Alberto lo abrazó, lo animó y se colocó su abrigo para que no tuviera frio. Era Jesús.

  “El pobre es Cristo” solía decir.

Basta amar para acercarnos a Cristo.  Amar al prójimo, hacerlo todo por amor a Jesús.

Suelo decir que el amor es el lenguaje de Dios. No importa qué idioma hables, si amas, Él te escuchará.

«Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano. Entonces tu luz surgirá como la aurora y tus heridas sanarán rápidamente. Tu recto obrar marchará delante de ti y la Gloria de Yavé te seguirá por detrás. Entonces, si llamas a Yavé, responderá. Cuando lo llames, dirá: «Aquí estoy.»» (Isaías 58, 7-8)

Y si te falta amor, pídeselo, Él lo hará crecer en ti y te llenará con su gracia.

Un favor… No lo dejemos solo en el sagrario. Háblale de ti, cuéntale tus inquietudes. Y al final, dile: “Claudio te manda saludos”. Seguro sonríe y pensará: “Este Claudio es un caso”.

¡Dios te bendiga!

 

 

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Te dejamos con esta bella canción

 

 

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