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Cómo cambiar un mundo, que parece girar al revés

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Me he dado cuenta que todo lo que tengo y lo que soy algún día pasará. Dejamos de existir en este mundo transitorio para vivir en el corazón de Dios. ¿Qué sentido tiene hacer mi parte si algún día me marcharé?

No lo haces por ti, ni para ti. Lo hacemos por la humanidad, por los demás.

Y, ¿cómo sabré qué hacer?

Nada de lo que Dios nos ha dejado en las Escrituras es al azar. Allí encontrarás tus respuestas. Ninguna de sus palabras es vana.

“El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán” (Mt 24, 25).

¿Y qué es lo que siempre nos dice?

“Amense los unos a los otros…”.

Nos falta amar.

Lo veo a diario cuando salgo en el auto y alguien nos atraviesa con su carro para no dejarnos pasar.  Lo noto, cuando hago lo mismo. Lo veo cuando voy a un almacén y la dependiente me trata mal. Me doy cuenta cuando yo trato mal a una persona.

¿Nos estamos quedando sin amor?

Hoy me levanté un poco pesimista.Vi los diarios, las luchas políticas, la forma como nos atacamos, de un lado y del otro.  No convivimos como hermanos.

He rezado por ti y por mí.  Le pido a Dios, quien es Amor, que nos de un poco y nos enseñe a amar.  Que nos permita experiencias de vida para encontrar el camino.

Hace algún tiempo mi esposa me dijo: “El mundo sigue girando por las oraciones de tantas personas: Las monjitas de los claustros, los sacerdotes y religiosas, las familias que elevan sus voces a Dios”.

Estoy convencido de esto: El amor y tus oraciones ayudan a salvar el mundo.

Sé que muchos me dirán: “Pero Claudio, ¿qué tienen que ver esas cosas con la gravedad, el movimiento giratorio de la tierra…”

Tiene todo que ver. Debes amar y rezar para descubrirlo.

“Eres un ingenuo”, me dirás.

El amor puede cambiar el mundo, lo he visto en pequeñas dosis.  Hace poco hice una prueba. Salí de la casa prometiéndome que a cada persona que encontrara le iba a sonreír y desearle un gran día.  Terminaría con un: “Dios te bendiga”.

¡Lo que ocurrió fue sorprendente!

La primera persona dudó un poco, pero al final sonrió y respondió emocionada: “Dios te bendiga también”.

El resto del camino fue más sencillo.

“Que tengas un gran día. Dios te bendiga”.

Eso era todo.

Un pequeño y sencillo gesto de simpatía y de amor bastan para cambiarle el día a una persona.

Pequeños gestos, con grandes resultados.

Acabo de probar en un supermercado y la reacción de la cajera fue instantánea. Una gran sonrisa y otro: “Dios le bendiga”.

Haz la prueba.

Será una experiencia que valdrá la pena.

 

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Sigue a nuestro autor Católico Claudio de Castro en Twitter
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