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«Aquí estoy», me dijo Jesús desde aquella iglesia (Un testimonio bellísimo)

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A tres cuadras de mi casa hay una iglesia.  Me gusta asomarme por la ventana, dirigir la mirada hacia allá y enviarle a Jesús en aquél sagrario, un mensaje simple, sencillo: “Te quiero Jesús”.

Sé quién está allá, esperándonos, el Hijo de Dios vivo.

He pensado mucho en los días que podíamos salir con libertad, sin miedo al contagio. Disfrutaba mucho pasar a verlo en alguna iglesia.

Por las mañanas, Vida, mi esposa y yo, salíamos para hacer los mandados pendientes de la casa y siempre aprovechábamos para detenernos afuera de alguna iglesia.

Siempre he sentido el llamado de Jesús, desde un sagrario. “Ven a verme Claudio. Aquí estoy”.

Estos días encerrado en casa por la cuarentena no han hecho más que acrecentar mi amor profundo por Jesús Sacramentado, prisionero de amor, preso en el sagrario, por ti, por nosotros.

“Me haces falta Jesús. Necesito verte, estar contigo, acompañarte, decirte que te quiero. Agradecerte tanto amor”.

Siempre recuerdo una mañana que salí de casa apurado por tantas diligencias que debía hacer. Era casi el mediodía y me detuve frente a una frutería para comprar algunos guineos, papayas y manzanas.

Estaba revisando las frutas cuando sentí en lo más hondo del alma estas dulces y tristes palabras: “Aquí estoy Claudio. ¿Me quieres?”

“Señor. Tú lo sabes todo, sabes que te quiero. ¿Dónde estás?”

“Voltéate Claudio”.

Me volteo y detrás de mí, del otro lado de la calle había una iglesia.

Quedé paralizado. Me sentí un poco triste ¿Cómo era posible? Tan cerca y no me había percatado por estar enredado en mis diligencias personales. Crucé la calle. Pregunté por el oratorio donde tenían el sagrario y entré para hacerle compañía al dulce y buen Jesús.

“Llegué Jesús”.

“Te esperaba Claudio. Qué alegría que viniste”.

“Siempre estaré para ti. Cuenta conmigo Jesús”.

Hoy fui a verlo. La Iglesia estaba cerrada. Qué dolor. En mi país, aún las Iglesias permanecen cerradas.

Nos consolamos con la oración, la lectura de libros de espiritualidad, la misa por Internet y la comunión espiritual. Y con todo y esto, estamos sedientos. Tenemos sed del Agua Viva.

¿Puedo pedirte un favor? Cuando tengas la oportunidad de ir a Misa, asómate al oratorio donde tienen el sagrario y dile a Jesús que le quieres. Y antes de marcharte, por favor dile: “Jesús. Claudio te manda saludos”.

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