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Anoche soñe con «el malo» y me advertía… (Un testimonio impresionante)

Fer Gregory | Shutterstock
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Anoche tuve un sueño muy extraño. Estuve inquieto y no pude dormir bien. El demonio me miraba disgustado. Memoricé dormido sus palabras y las escribí al despertar. El diablo furioso me advertía:

«Sé lo que has hecho. Has sembrado una semilla de amor.»

 

 

Nunca me había ocurrido algo similar, pero me sirvió para reflexionar largo rato y decidí escribir un poco sobre esto. Me ayuda a despejar la mente y comprender mejor lo que ocurre y nuestro propósito en esta vida.

Sé que al demonio le molestan mucho las buenas acciones, sobre todo aquellas que le arrebatan almas que casi estaban en sus manos. No soporta cuando tienes el alma limpia, pura y actúas según los mandatos de Dios, agradándole con tus obras y pensamientos, porque con tu ejemplo atraes otras personas a llevar vida Evangélica y ayudas a su salvación.

Comprendí que nuestro trabajo es simple, llevar vida evangélica, arar la tierra y sembrar esas semillas de fe, amor y esperanza.

Nunca debemos esperar ni desear halagos por ello. Sigue con tu apostolado, aunque veas que no germinan esas semillas. No pierdas el buen ánimo porque parece que lo que haces no rinde frutos.

Eso le toca a Dios. 

Dios hace que germine todo apostolado y de frutos abundantes cuando es el momento adecuado, en su tiempo, no en el nuestro.  Nos toca abonar el terreno con nuestras oraciones fervorosas. Orar sin desistir, ni cansarnos de la oración.

«Estén siempre alegres, oren sin cesar y den gracias a Dios en toda ocasión; ésta es, por voluntad de Dios, su vocación de cristianos.» (Tesalonisenses 5, 17-18)

Le pertenecemos solo a Dios, nuestro Padre y debemos actuar con humildad, agradándole en todo.

A menudo me escriben lectores que me comentan desanimados que colaboran en un apostolado en sus iglesias y pareciera que lo que hacen no tiene valor.  Están desilusionados creyendo que no han dado frutos.

Lo que ocurre es que vemos el hoy, no el mañana. No sabemos lo que pasará en el futuro o cómo unas palabras o un acto de amor pueda salvar una vida y un alma a punto de perderse. Lo he visto cientos de veces.

Lo que haces es maravilloso. El mundo necesita tu apostolado y tus palabras de esperanza.

Los grandes santos de la Iglesia suelen decirnos que la perfección consiste en abandonarnos a la santa voluntad de Dios. Es lo que se llama, “El Santo abandono”. Bien decía san Alfonso María de Ligorio que no hay mejor manera de servir a Dios que “abrazar con alegría y serenidad su santa voluntad”.

Dios ve la eternidad y sabe lo que es mejor para nosotros, limitados por un cuerpo y una vida temporal. Siempre está pendiente de nuestras necesidades.  ¿Y qué nos pide a cambio? Algo tan sencillo como amar. Amar a Dios y a prójimo como a uno mismo.

Sembremos por el mundo «SEMILLAS DE AMOR»… Es hora de empezar.

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