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¡Ánimo! Saldrás adelante. Cuando Dios se hace presente todo cambia. (un testimonio bellísimo)

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Si nosotros tuviésemos conciencia del PODER DE DIOS, nuestras vidas serían totalmente diferentes, cambiaría nuestra perspectiva y viviríamos sin temores ni miedos.

Estoy maravillado por la forma como Dios nos cuida. Y me doy cuenta lo importantes que somos para Él.

Siempre recuerdo el caso de este joven que cayó por un barranco mientras escalaba una montaña. Lo encontraron al día siguiente aferrandose del borde, con una fuerza sobrenatural. Cuando lo subieron al helicóptero lo primero que dijo fue:

─Dios existe. 

─Lo sé─, respondió el piloto.

─Él me dio las fuerzas que necesitaba─, susurro agradecido el muchacho, extenuado, casi sin fuerzas.

Me encantan estas palabras de las Escrituras que nos revelan mucho de nuestra forma de pensar:

“Jesús les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios.” (Mateo 22, 29)

Dios tiene un Poder infinito y con frecuencia lo olvidamos. Para Él nada hay imposible, y ¿lo mejor? Somos sus hijos y nos ama y consiente con ternura.

Cuando era un niño solía hablar a Dios con la naturalidad que te escribo. Lo sentía muy presente en mi vida. Era un Padre asombroso.

Siempre he pensado que somos vasijas de barro, frágiles, que guardan un alma extraordinaria, única, inmortal.

A lo largo de nuestras vidas nos va moldeando con las situaciones que vivimos para que podamos fortalecer nuestras almas y ser santos. Y si la vasija se rompe por el pecado, Él la toma y la restaura en su estado original, mediante la confesión sacramental.

Luego, cuando te sientes arrinconado, se acerca y te pregunta. “Confías en mí?”

Yo débil como soy, flaqueo a menudo, fallo y caigo muchas veces. Y le respondo: “Heme aquí Señor, ante ti. Aumenta mi pobre fe”.

 


 

Me he dado cuenta que sin la oración y sin la cercanía de Jesús, estoy perdido.  Una vez que dejo la oración por estar complicado en asuntos mundanos, voy perdiendo esa capacidad de comprender lo que Dios espera de mí en cada momento y bajo mis defensas espirituales. Por eso procuro orar con pequeñas jaculatorias que no me quitan más de un minuto y llegan a Dios quien complacido las recibe y nos responde.

En estos días difíciles que se vive en muchos países del mundo, incluido el mío, con humildad pidamos a Dios: “Aumenta mi Fe Señor”. 

Recemos por esos países, por todos. Para que Dios nos bendiga y nos proteja.

¡Ánimo! Estamos en buenas manos. Dios vela por nosotros.

………………

 

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