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¿Amas tu Iglesia? (Un fuerte testimonio)

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En estos días leemos horrorizados los testimonios de las víctimas de abusos en nuestra Iglesia. Personas que fueron aisladas, silenciadas. El buen Papa Francisco las escucha, pide perdón y busca remediar este flagelo.

Me ha conmovido mucho ver al Papa Francisco reunido con víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes. Tenía la mirada agachada, sentía vergüenza por lo que les habían hecho, por el silencio de la Iglesia. Se acercó a uno de ellos, lo miró a los ojos, le pidió perdón, tomó su mano y en un gesto de profunda humildad se la besó conmovido por su dolor.

Dicen que ser uno con el otro, nos humaniza, nos engrandece como personas. Por eso es importante que nos reconozcamos todos como hermanos, hijos de un mismo Dios. Y nos respetemos y amemos.

Al ver esto, alguien me preguntó si amaba mi Iglesia.

―¿Aún la amas Claudio, con todo lo que estamos viviendo?

―Amo mi Iglesia ―respondí ―. Para mí siempre ha sido una Madre amorosa. Sé que no es perfecta. Que los miembros somos pecadores. Pero no me desanimo.  Tengo mi corazón puesto en Aquél que es SANTO y la santifica a pesar de todo. Y nos santifica con su Amor.

Nuestro tiempo está marcado por la ausencia de Dios en muchos corazones y la presencia del demonio que se ha infiltrado en la Iglesia y nuestras familias y países, haciendo estragos.  Es una realidad. Basta que leas un diario para que reconozcas sus frutos.

¿Qué podemos hacer los católicos? Aquello para lo que fuimos llamados, amar, perdonar, ser misericordiosos.

Llenemos el mundo de un AMOR tan grande que desplace el odio Y LA OSCURIDAD.

Hagamos todo para gloria de Dios. Y recemos mucho en estos días, con el santo Rosario, por el Papa y nuestra Iglesia.

¿Debo perder la esperanza? Al contrario. He conocido cientos de buenos y santos sacerdotes que gastan sus vidas en bien de los demás. Nadie habla de ellos. No hacen ruido al caminar. 

Además, tenemos un Dios que es Misericordioso. Cree en sus promesas y te irá bien. Esto lo he aprendido con los años.

El demonio quiere hacer de las suyas, pero no va a poder mientras no lo dejes.

Debes amar y hacer el bien. Guarda tu estado de gracia como un Tesoro.

Suelo pasar muchas dificultades y en cada de ellas me aferro a la mano de Dios, como un niño pequeño que toma la mano de su papá. “Que se haga tu voluntad”, le digo. Y camino confiado.  Él es Todopoderoso, va a nuestro lado, contigo, y es nuestro Padre. ¿Qué podemos temer?

En Fátima la Virgen ha hecho una promesa consoladora ante el futuro de la humanidad: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfa­rá”.

Por eso que nada te inquiete. Refúgiate ante Jesús en el sagrario. Vive el Evangelio. Da ejemplo con tu vida.

Reza y confía en Dios.

 

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