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Acompañame un rato, hagamos un alto (un bellísimo momento juntos)

COUPLE, COFFEE, SOFA
StockLite | Shutterstock
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Te da una sensación extraña asomarte por la ventana de tu casa y ver las calles completamente vacías. Estamos en cuarentena total este fin de semana en Panamá. Escuchas con claridad a los pajarillos, cosa que antes no era posible por el ruido de los autos. La naturaleza se viste en todo su esplendor y hace gala frente a ti.

Hoy he querido hacer un alto para reflexionar contigo en lo que estamos viviendo en el mundo entero.

Lees en las redes sociales. los mensajes de personas que han perdido a sus padres, sus madres, algún familiar o alguien muy cercano con esta pandemia. Los números, las cifras empiezan a tener rostro humano, y te das cuenta que no son números, son personas.

Dicen que no es primera vez que el mundo vive estas epidemias. Y de hecho si buscas en Internet o los libros de historia, lo comprobarás. Pero nunca es igual estudiar acontecimiento del pasado, que vivirlos en carne propia, ser parte de esa historia.

Amigos que son médicos escriben los grupos de WhatsApp sugiriendo que además de seguir las indicaciones que nos dan las autoridades, debemos concentrarnos en subir las defensas del cuerpo.

Recomiendan: ejercicio matutino, una alimentación bien balanceada, descansar, tomar un poquito de sol en las mañanas, ingerir alimentos ricos en hierro y vitamina B12, E, D, C,  y Zinc; tener buen ánimo, leer libros interesantes, tener actividades que nos entretengan, mantener la mente ocupada y ante todo evitar el estrés que nos baja las defensas.

Yo pensaba honestamente que con esta cuarentena iba a tener menos oficios en casa y ha sido lo contrario. ¿Te pasa igual?

Trato de usar la Regla de San Benito en mi beneficio, pues establece diferentes horarios para cada actividad y divide el día en bloques. Un rato para la oración al despertar, otro para desayunar, otro para realizar trabajos físicos, otro para la lectura y otro para la reflexión. Y así hasta culminar el día, con las miradas y el corazón en el cielo.

En la tarde como las 4:00 pm mi esposa Vida me llama para compartir el café que me encanta y que juntos disfrutamos. Ponemos en la mesa panecillos calientes, mantequilla y mermelada. En ocasiones nos unimos a la familia en un «café virtual». Pero antes escuchamos la Santa Misa por Internet.

También nos gusta mucho rezar el Santo Rosario pidiendo por ustedes, las familias, nuestros sacerdotes, los moribundos, los que han partido por la enfermedad y por el mundo, para que Dios se apiade y 18nos libre ya de esta pandemia.

Hay una palabra que estaba repitiendo últimamente como una breve jaculatoria: “Kyrie Eleison”. Se traduce como: “Señor ten piedad”.  

Y sigo: “Señor apiádate de nosotros”. Continúo rezando, pidiendo a Dios Misericordia:

“Hemos pecado Señor”. “Perdóname”.

En un día como hoy pienso mucho en Fátima. En uno de los secretos revelados se leen estas palabras fuertes, que estremecen:

«…hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!…”

Debemos reconocer que nada somos sin Dios, que nada podemos sin Dios y que con Dios en medio, nada hay imposible para nosotros.

Ánimo querido lector. «Sólo Dios basta».

Todo pasa esto también pasará.

Dios, te bendiga.

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