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Qué indigno soy, de comulgar. (Un fuerte testimonio)

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Pronto abrirán las iglesias y volveremos a Misa y a recibir a nuestro amado Señor. He pensado mucho en ello. Tantas comuniones espirituales y mi alma tienen sed de Dios. Lo recibo espiritualmente, y me lleno de su amor infinito, pero anhelo recibir la hostia consagrada, y que inunde todo mi ser con su AMOR.

Leí en una ocasión lo efectivas que son las comuniones espirituales cuando no puedes recibir a Jesús sacramentalmente. Y he pasado saciando mi anhelo de Dios, con ellas. Haciendolas a lo largo del día.

Creo, Jesús mío,
que estás real
y verdaderamente en el cielo
y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Os amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte
dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo
ahora sacramentalmente,
venid al menos
espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno del todo a Ti.

Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

Y aun así sueño con el momento, único, irrepetible, de la sagrada comunión.

Me ha pasado algo curioso.  Como te contaba, suelo rezar el Rosario cada mañana con mi esposa Vida. Caminamos y así hacemos algo de ejercicio mientras rezamos. El otro día, mientras estábamos por el tercer misterio, empecé a ver mis pecados, aquellos con los que he ofendido a Dios, muchos que había olvidado y por ello no los confesé ante aun sacerdote.

Recordé que en tiempos de Pandemia cuando no puedes tener cerca un sacerdote para confesarte, para que Dios te perdone y olvide esos pecados, basta un arrepentimiento sincero, una “perfecta contrición”, y el propósito de confesarte tan pronto sea posible. Y fue lo que hice.

Que indigno me siento de comulgar. Y aún así Jesús nos llama a recibirlo.

He pasado con este pensamiento de san Josemaría Escrivá rondando mi cabeza:

“¿Has pensado en alguna ocasión cómo te prepararías para recibir al Señor, si se pudiera comulgar una sola vez en la vida?” 

Yo sí lo he pensado y mucho, en esta cuarentena. Así me siento. Y me preparo en esta larga cuarentena para ese maravilloso momento en que pueda volver a recibirlo en la sagrada comunión.

Me siento como si estuviera anhelando recibirlo la anoche previa a mi Primera Comunión, cuando recé mucho y le dije que lo quería y me ilusionaba estar con Él.

Ahora te hago la pregunta de san Josemaría:

¿Cómo te prepararías para recibir al Señor, si se pudiera comulgar una sola vez en la vida?”

Cuando vuelvas a comulgar, hazlo con el alma limpia, el corazón ilusionado y el propósito de amar cada día más al buen Jesús.Y dile una y otra vez: «Jesús te amo».

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