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¿Qué te regalo Jesús en esta Navidad? (Un testimonio bellísimo)

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Cuando algún amigo me pregunta cómo ando le respondo: “En modo Navidad” y es que a estas alturas la Navidad lo impregna todo, se filtra hasta lo más hondo de nuestras almas, es capaz de transformarlo todo y llevarnos al amor de Dios.

Esa es la verdadera Navidad, la que te acerca al «misterio», el nacimiento del hijo de un Dios Todopoderoso y Eterno, a través de la Virgen, «la Llena de Gracia».

La Navidad como padre de familia me une mucho a san José.  Le rezo pidiéndole que me ayude a ser un buen padre y a seguir los pasos de su hijo Jesús.

Me gusta imaginar el momento en que dulcemente san José le carga por primera vez.

Sabe que es el hijo de Dios, al que generaciones han estado esperando. Tiene conciencia de lo que ha ocurrido, del regalo de Dios a la humanidad, de lo maravilloso e irrepetible que es ese momento sagrado. Está tocando a Dios hecho ternura, ¿lo imaginas?

Debo disculparme contigo, me emociono profundamente al imaginar este momento. Y la Virgen que le extiende al niño y lo mira con ternura y dulcemente le dice: “No temas cargarlo José”.  ¿Qué habrá sentido?

¡Qué hermosa es la Navidad cuando se vive desde el fondo del corazón! Es un evento extraordinario que nos recuerda cuánto nos ama Dios.

Estoy viviendo estos días sin pausa, pero sin apuros, reflexionando mucho, con un sentimiento inmenso de agradecimiento a Dios. Es tan grande que parece explotar en mi pecho: “Gracias Señor, por amarnos tanto”.

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, príncipe de la Paz”.
(Isaías 9, 5)

Mientras escribo estas palabras mi esposa prepara el ponche con mi nieta y yo escucho música navideña al lado del arbolito. Qué gratos momentos pasamos en familia, bajo el amparo de Dios.

Si me preguntaras qué regalo le agradaría al pequeño Jesús que te mira sonriendo desde el pesebre, te respondería sin dudarlo:

“EL ALMA LIMPIA”.

¿Por qué? Porque somos templos de Dios VIVO. Si tienes el alma limpia de todo pecado Él podrá habitar en ti, que es su mayor  anhelo.

Aprovecha estos días santos del Adviento y acércate a un confesionario en alguna iglesia. Busca un sacerdote y haz una buena confesión sacramental. Ponte en paz con Dios.

¡FELIZ NAVIDAD!

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