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¿Qué deseas para la Navidad? (Un Testimonio bellísimo)

© Alex Master:Shutterstock
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Hay días especiales en la vida, cuando te sientas a reflexionar y te quedas pensando en los años que ya pasaron y los que vendrán.

Mientras te escribo Vida, mi esposa, prepara el rico ponche navideño en la cocina y me llega su delicioso aroma. Me encanta.

No imaginas cómo disfruto los aromas de la Navidad. Me hacen recordar mi infancia en Colón, una ciudad costera de Panamá. Eran días muy soleados y hermosos.

Me gustaba mucho caminar por la playa y colectar piedras y troncos dejados por la marea. Regresaba a casa y hacía con ellos artesanías y manualidades.

Mi papá era hebreo, como mi abuelo y muchas generaciones de mi familia. Nosotros rompimos esta herencia al ser católicos, por parte de madre. Aun así, asistíamos a la sinagoga para las festividades familiares.  Una costumbre que persevera. Me encanta saber que crecí con ambas culturas. En la sinagoga imagino a Jesús desenrollando el rollo de pergamino de la Torá para leerlo, cantando salmos, rezando en hebreo.

Decía san Josemaría Escrivá que sus tres grandes amores eran judíos: Yo quiero mucho a los judíos; mis tres grandes amores son judíos: Jesús, María y José”.

Frente a mi casa a pocos metros las Siervas de María tenían una hermosa capilla con su residencia al lado. Cada noche salían como angelitos, silenciosas, sin hacer ruido, a cuidar enfermos y regresaban al amanecer.

Estas vivencias marcaron mi vida. Me hicieron lo que soy.

 

 

Extraño a mi papá, sobre todo para estos días cercanos a la Navidad. Una vez te conté que murió en mis brazos, mientras le hablaba del cielo anhelado, de las maravillas que allá vería.

Siempre nos acompañaba a misa y nos llamaba al orden. Y en navidad se sentaba con nosotros a los pies del arbolito con villancicos para abrir los obsequios navideños. Días antes salía con un grupo de amigos a repartir regalos y caramelos a los niños pobres. Una noche le acompañamos. Fue inolvidable.

De niño recuerdo que una mañana me sentó en sus largas piernas y me preguntó qué deseaba para la Navidad.  Pedí tantas cosas infantiles. Si hoy me lo preguntara le diría que un abrazo.

Un gran abrazo de mi padre, es lo que quiera para esta navidad.  Pero él ya no está. Será imposible y tendré que esperar cuando Dios quiera llamarme a su lado.  Será el segundo abrazo que daré. El primero se lo he pedido a Jesús.

Mientras esto ocurre, en esta Navidad quiero pedir que reine en tu alma la Paz de Dios, que seas feliz, que nada te inquiete, que no tengas miedo de enfrentar tus problemas, y sobre todo que vayas en pos de tus sueños.  Que se restaure la unión en tu familia. La vida es corta y debes vivirla a plenitud.

¡Feliz Navidad para ti y los tuyos!

¡Dios te bendiga!

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