Aleteia

Tiempos de inseguridad. Tiempos de crecimiento.

Comparte

«Todos lo sabéis: la seguridad es el mayor enemigo de los mortales. (W. Shakespeare)»

He sido testigo de la valentía y la osadía del claustro de profesores al que pertenezco. He comprobado cómo una familia se reorganiza cuando le cambian sus parámetros normales de funcionamiento. He visto a niños y niñas, y a adolescentes y jóvenes, contentos por el poso adquirido en este tiempo. Todo en tres meses, cuando la pandemia nos puso patas arriba todo lo conocido. Incluso hoy mismo, hablando con mi hija, estuvimos hablando de un verano que se va a ir planificando casi día a día. Perdimos mucha de nuestra seguridad. La pregunta es: ¿la necesitamos?

Creo que sí, que es necesario un suelo firme donde moverse y vivir. No podemos estar continuamente frente a un escenario donde no somos capaces de preveer ni de asegurar nada. Necesitamos la seguridad de nuestra familia, de nuestro hogar. Necesitamos el calor de los amigos y la fuerza de su «estar siempre». Necesitamos tener certezas que guían nuestros pasos y movilizan nuestras acciones, valores que no mudan de un día para otro. Pero, una vez tenemos esto, ¿necesitamos todo lo demás a lo que nos habíamos acostumbrado? ¿Seguros de vida, de coche, de robo…? ¿Planificaciones, proyectos a 5, a 10 años…? ¿Préstamos a 30 años? ¿Control absoluto sobre lo que nos rodea? ¿Paternidad y maternidad a la carta? Y lo que es peor… ¿es bueno vivir con la sensación de que todo está en nuestras manos, de que el tiempo aquí es infinito, de que queremos vivirlo y probarlo todo, de que la enfermedad y la muerte están controladas, de que nada sucede que yo no quiera?

Cierta dosis de inseguridad nos hace avanzar. La inseguridad es parte de la vida del profeta, del apóstol, que sabe a quién sigue y en nombre de quién habla, pero que no es capaz de adivinar adónde le llevará el Espíritu mañana. Y eso le hace más fuerte, más fiel, más consciente. Es verdad: la inseguridad trae inestabilidad y peligros pero ¿no trae el peligro, tantas veces, un reto, la ocasión de despertar de nuestro letargo y mostrar de lo que somos capaces?

Hay una imagen maravillosa que tal vez ilustre todo esto: caes al agua en un lugar profundo o te sorprende un oleaje lejos de la costa o te da un calambre en un pie y el mar se convierte en enemigo. ¿Qué hacer? Si uno comienzo a hacer aspavientos, y mueve brazos y pies sin orden ni control, intentando por todos los medios no ahogarse, lo más probable es que sucumba al cansancio y acabe bajo el agua. El ansia de seguridad no debilita, nos agota y nos hunde.

«Quién quiera salvar su vida, la perderá, y quién pierda su vida por mí, la salvará» dijo Jesús.  Desde luego no parece un mensaje para calmar a los profesionales de la seguridad de hoy en día. No calmaría ni a bolsas, ni a acreedores, ni a inversores, ni a aseguradoras… y tampoco convence a la mayoría de nosotros. Eso de jugárselo, de caminar en el alambre, de dar la vida… no esté en nuestros planes. Pero esa es la propuesta. Y la fe está llamada a sostenernos en estos tiempos de incertezas. Ya lo dijo Carlos G. Vallés en su libro «No temas»: «La fe es, en la práctica, la capacidad de vivir en un mundo de dudas bajo la promesa de la verdad». La fe no nos allana los caminos ni nos abaja las cuestas, pero nos da la capacidad de caminar sobre terreno pedregoso y de aguantar cuando el camino se pone cuesta arriba. Y más si no vamos solos. Fe y comunidad van de la mano.

Nuevos tiempos estamos viviendo. Nuevos y desconocidos para muchos. Ojalá nos hagan mejores.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Top 10 Santi Casanova
  1. Más leido
    |
    Más popular
Ver más