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Su ropa en mi lado de la cama… Discusiones de un matrimonio normal

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Hoy le decía a mi mujer que me molestaba, manías mías, que dejara toda la ropa que se saca al llegar y cambiarse, en mi lado de la cama. Yo, que me esfuerzo en mantener “mi lado” con un orden mayor que “el otro lado”, no acabo de entender por qué es tan complicado darme esa pequeña alegría diaria. Ella me respondió que lo intentaba, pero claro… según entra a la habitación, mi lado es el primero que se encuentra y, además, el que está pegado al armario… Cualquiera de vosotros podría pensar que el tema se soluciona cambiándonos el lado… ¡Ingenuos! A mi mujer, para dormir, le gusta más “el otro lado”. Estoy totalmente perdido.

Muchos de los que estáis leyendo esto ahora mismo, estoy seguro, podríais llenar los comentarios con anécdotas similares. Bienvenidos al mundo de la convivencia en pareja, diría alguno. Por eso yo prefiero vivir solo, dirían otros. El caso es que situaciones como esta aderezan nuestra vida matrimonial, nuestra existencia en común, cada día. A veces se llevan con humor y otras, así es, son origen de discusiones y conflictos que comienzan con la ropa y el lado de la cama y uno no sabe dónde pueden terminar si no se corta la espiral a tiempo.

¿Funcionaría mejor nuestro matrimonio sin estos pequeños pellizcos? Pues no lo tengo claro. Sinceramente. Es más, a veces creo que si tuviera que pasar un tiempo sin mi mujer, por cualquier razón, echaría de menos que alguien dejara su ropa en mi lado de la cama. Entonces, ¿por qué enfadarnos? Buena pregunta. Yo creo que, en el fondo, nos jugamos el poder, el poder de tener la razón, el poder de dominar al otro, el poder de que todo funcione bajo nuestros criterios, el poder de construir solos un proyecto de pareja… ¡Hay tantos momentos en los que pensamos que nos jugamos algo en esas pequeñas cosas…!

Cuando todo pasa, y los ánimos se calman, y se encienden las luces de posición de la casa y se oye el respirar de los niños durmiendo, me paro a pensar y me pregunto qué más me da lo de la ropa… ¿Por qué entraré? ¿Por qué no le quitaré importancia? ¿Por qué no sabré no discutir esas rozaduras matrimoniales, que salen de tanto usarlo? Y la respuesta creo encontrarla en momentos de lucidez: porque yo también soy imperfecto, porque yo no soy mejor que ella, porque nuestro amor está inacabado, porque me queda trecho de humildad por construir, porque esto de vivir juntos toda una vida se hace difícil sin la ayuda de Dios.

Llegamos al final del artículo y estoy convencido de que mañana me encontraré su ropa en mi lado de la cama y tal vez mañana sonría pensando en mi reflexión de hoy. De pasado mañana no pasará que vuelva a exigir “mis derechos”… Y volveré a ponerme delante de Dios para contarle que así somos, ella y yo, pero que nos queremos, nos cuidamos, nos amamos, buscamos el bien del otro, educamos a nuestros hijos y seguimos caminando, levantándonos cuando nos ponen la zancadilla. Y Dios me bendecirá, nos bendecirá, y verá que lo que ha creado, hombre y mujer, es muy bueno.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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