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Somos historia, somos camino

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Los años caen inexorablemente aunque no soy de los que piensan que el tiempo vuela. Intento disfrutar cada día desde que me levanto y, tal vez, exprimirlo hasta que la noche lleva despierta unas horas. Intento sentir y saber y pensar y reír y conocer y disfrutar y sufrir y creer y llorar y desear y soñar y contemplar y acariciar… Lo que es verdad es que empiezo a mirar atrás con ojos de cierta nostalgia.

Creo que la nostalgia no es buena, lo contrario que el sano recuerdo. La nostalgia es un pensamiento que moviliza las emociones de pena, de pérdida, de tristeza y que las alimenta con la convicción de que todo tiempo pasado fue mejor y que como nuestra infancia, nada; que como nuestra adolescencia, nada; que como nuestro noviazgo, nada; que como nuestros años en la universidad, nada; que como aquel mundo que conocimos, nada… ¿De qué sirve esto? No sirve más que para envenenarnos.

Recordar es justamente lo contrario. Es sacar de la memoria aquello que quedó guardado de por vida y sacarlo, no para regodearnos ni entristecernos, sino para ser conscientes de que lo que somos hoy es mucho de lo que fuimos en el pasado. Recordar es habitarnos hacia atrás, transportarnos hacia estancias ya deshabitadas y ocuparlas, contemplarlas, mirarlas a los ojos de nuevo… para, sin miedo y sin tristeza, volver adonde hoy vivimos nuestra existencia.

No pocas personas lo que quieren, de todas maneras, es olvidar, no mirar hacia atrás, quemar habitaciones que, estando deshabitadas no hacen más que estorbar y entorpecer el hoy. La esperanza de éstos se fundamenta en la esperanza de que hoy y mañana pueden ser bien distintos al ayer.

Para todos, la vida no deja de ser un viaje. Como reza una inscripción en piedra en el albergue municipal de peregrinos en O Cebreiro (Galicia), en plena ruta jacobea, estamos “SEMPRE NO CAMIÑO” (SIEMPRE EN EL CAMINO). Y es verdad. Aquel que tenga la tentación de acomodarse demasiado y deshacer las maletas… se verá obligado a desalojar en breve y volver a empezar. Esto es tal vez lo que hace que la vida sea apasionante, dramática, explosiva, trágica, plena… Somos historia y en ella es donde Dios se hace presente, sin alardes, sin flashes ni estruendos. Es la historia, la nuestra, la de la humanidad, su hábitat favorito…

Amigo, amiga… que tu mochila pese poco y contenga sólo lo imprescindible, que suele ser aquello que nos da la felicidad verdadera, por muy pequeño y humilde que sea; tal vez una o dos fotos para contemplar los días de noche oscura y recordar que somos promesa de eternidad; y uno o dos sueños para que nos empujen cuando los pies, llenos de ampollas, nos inviten a rendirnos. Y, sobre todo, el agradecimiento de tener, hoy y sólo hoy, una oportunidad de hacer de este mundo un lugar más habitable. Con eso llega.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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