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Sologamia: la moda de casarse con uno mismo (han leído bien, sí…)

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He leído esta tarde un artículo publicado en el diario español “El Mundo” que contaba la historia de una mujer que se había casado consigo misma ya hace un tiempo. Parece, según comenta la publicación, que dicha iniciativa está creando escuela y que se está empezando a extender entre la parte femenina de la población.

Sin duda le veo innumerables ventajas a esto de casarse con uno mismo. Voy a enumerar alguna de las que me parecen más relevantes. El orden es lo de menos. Espero que nadie saque conclusiones precipitadas.

  • La primera que me viene a la cabeza es que, al casarse con uno mismo, uno sólo carga con la familia propia, a la que, por otro lado, conoce desde que nació. Esto es una ventaja indudable y reduce en buena medida los conflictos que puedan darse en ese incipiente matrimonio. Además, por si fuera poco, uno no tiene que hacer cuentas de con quién toca pasar la Navidad cada año. Una buena dosis de salud familiar garantizada.
  • Otra ventaja es que el número de invitados a la celebración se reduce prácticamente en un 50%. Esto permite ampliar en buena medida el círculo de amistades y conocidos que pueden asistir. Y la configuración de la mesa nupcial gana en complicidad y sencillez.
  • Los regalos de todo festejo quedan asegurados. Sencillamente, uno se regala a sí mismo lo que quiere, desea y necesita. Sin más. Es verdad que la sorpresa queda un poco debilitada pero ¡hay sorpresas que mejor sería no tenerlas! Así que mejor asegurar, ir al Corte Inglés, hacerse envolver el regalo y luego simular estupefacción cuando se abra. Adiós a los regalos de suegros y cuñados sacados del peor de los imaginarios familiares.
  • Los hijos uno los cambia por sobrinos, que es mejor porque se van a dormir a su casa. O un perro, que también da mucho juego y me garantiza uno o dos paseos al día. Cierto es que la opción de la adopción y fecundidades varias pueden ganar peso. Pues oye. Se consulta con la almohada y punto. Más fácil que ponerse de acuerdo entre dos. Y para ponerle nombre, la ventaja es evidente.
  • El sexo se redescubre y lo que antes era masturbación, tras la boda, pasa a ser una sanísima relación íntima conyugal. Eso sí, cualquier culo ajeno que se roce puede tener visos de infidelidad galopante. Pero si es divertido casarse con uno mismo, qué decir de serte infiel tras años de matrimonio… Adrenalina en vena.
  • Llegado el caso, si la cosa va mal, va a ser fácil ponerse de acuerdo en el divorcio y en la custodia de los hijos. Incluso el tema del reparto de bienes se simplifica. Va a ser fácil que te toque seguir viviendo en la misma casa que ya tenías y una catástrofe tendría que acontecer para tenerte que volver a casa de tus padres.

Podría seguir pero no quiero caer en la tentación. De escribir esto a replantearme qué hago yo casado con otra persona hay un paso. Y no quiero poner en juego mi matrimonio ni serle infiel a mi mujer conmigo mismo.

Yo lo que propongo es un debate de esta gente con los defensores del poliamor. Y en hora de máxima audiencia. Yo no me lo pierdo.

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