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Recuerda siempre quién eres

Serhii Yevdokymov | Serhii Yevdokymov
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Eso le dijo el rey Mufasa a su hijo, el pequeño Simba, en una conversación padre-hijo a raíz de una desobediencia por parte del pequeño. Una frase a la que Simba, tal vez, no le dio demasiada importancia en su momento. La vida se encargaría de demostrarle que uno puede olvidarse de quién es. Es más, puede hacerlo pensando que es lo mejor que puede hacer. Sutil tentación. Olvida quién eres y dedícate a disfrutar de la vida. Deja atrás tu pasado, mira hacia adelante y piensa sólo en lo bonito de la vida. ¿Qué necesidad hay de amargarse?

Vivimos en un tiempo «happy». Pese a que el Mediterráneo sigue siendo la tumba de muchos. Pese a que siguen muriendo hermanos bajo los escombros de tantas guerras olvidadas. Pese a que los ancianos se saben solos en un mundo que sólo prioriza utilidad y comodidad. Pese a que muchos jóvenes no encuentran sentido a sus vidas porque miran adelante y ven todas las puertas cerradas. Pese a que las fronteras se cierran, pese a que la verdad ya no exista, pese a que el planeta se queje amargamente. Pese a todo eso, «hakuna matata».

Somos hijos de Dios, el Padre de todos. Somos hermanos. Y tenemos responsabilidad con ellos. Misericordia, compasión y responsabilidad, dos palabras preciosas. Misericordia es abrazar la miseria del corazón del otro, perdonarla y sanarla. Compasión es saber padecer con el hermano que sufre. Responsabilidad es saber que Dios nos ha dejado a cargo del cuidado de los demás. Esto es lo que somos, y no podemos mirar a otro lado. Todos somos sacerdotes, profetas y reyes por nuestro bautismo. Es hora de recordarlo. Muchos hermanos nuestros son auténticos altavoces para nuestras conciencias. Nuestro corazón, nuestra boca, nuestros pies, nuestra cabeza… deben reaccionar.

Ojalá nos planteáramos la vida desde ahí: desde lo que somos, hijos y hermanos. Y trabajar desde ahí. Y estudiar desde ahí. Y vivir la familia desde ahí. Y la vida religiosa desde ahí. Y el sacerdocio desde ahí. Incluso, no siendo creyente, creo que es un ámbito compartido: vivir con el otro, para el otro, desde el otro… y evitar ombliguismos que, como ya estamos comprobando, nos llevan a la soledad, a la codicia, a la destrucción.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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