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Preguntas que me desvelan como padre

African American Father Worried About His Mixed Race Son as They Sit in the Park.
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¿Soy buen padre?
¿Son mis hijos felices?
¿Estoy tratando a cada uno como necesita?
¿Paso suficiente tiempo con ellos?
¿Debería jugar más con ellos?
¿Y si me estoy dejando algo importante en su educación?
¿De qué se acordarán cuando sean mayores?
¿Dedicamos demasiado tiempo a la misión y demasiado poco a los niños?
¿Somos buen ejemplo de fe para ellos?
¿Qué imagen de Dios les hemos ofrecido su madre y yo?
¿Deberíamos rezar más juntos?
¿Habremos manejado bien el tema de la sexualidad?
¿Dónde está la frontera entre la disciplina y la misericordia?
¿Les habré gritado demasiado?
¿Qué valores les habrán quedado del tiempo de su infancia?
¿Están preparados para ser autónomos?
¿Habré quemado alguna etapa en su educación?
¿Tenemos alguna tradición familiar que valga la pena?
¿Por qué no me cuentan las cosas como a mí me gustaría?
¿Tienen confianza en mí?
¿Si tienen un problema serio, me lo contarán?
¿Respeto adecuadamente su propia personalidad?
¿Cómo ayudarles a encontrar su vocación?
¿Conozco los dones de cada uno?
¿El Señor los protege y los cuida realmente? ¿Puedo estar tranquilo?
¿Qué será de ellos si a mí me pasa algo?
¿Tienen suficientes amigos?
¿Se sienten parte de la familia?
¿Se tratan bien entre ellos?
¿Se llevarán bien de mayores?
¿Deberíamos ser más piña?

Como padre, muchas veces me asaltan mil preguntas de este tipo. A veces consiguen llenar mi corazón de miedo, de oscuridad, de duda. Hay días en los que tengo la sensación de sentirme desbordado como padre, de sentir que no lo estoy haciendo bien, de sentir que se me escapa de las manos el control y que, tal vez, no llego a todo lo que debería llegar. Luego vuelve algo de luz y encuentro la paz en el Señor. Es, tal vez, el único lugar donde puedo descansar de esta terrible sensación de finitud en mi paternidad. Y lo pongo todo en sus manos y le pido que sea Él el que cubra todos los huecos que se han quedado vacíos, que sea Él el que cure todas las heridas producidas, que sea Él el que me restaure y el que guíe los pasos de mis pequeños. Y ahí, sólo ahí, encuentro la paz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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