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#Pasión

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No sé vivir la vida sin pasión. ¿Es eso vivir? ¿Se puede vivir con el freno de mano puesto, con el miedo en el retrovisor, con la espalda echada para adelante, anticipando el accidente? Yo creo que no. La gente me mira y se pregunta qué me tomo por las mañanas y yo, sonriente, les respondo que no necesito tomarme nada.

La pasión reside dentro. Hay un rincón en el corazón, en el alma, en la mente, en el cuerpo… que está reservado para la pasión. Yo lo tengo ocupado al cien por cien. A veces, incluso, tengo que reconocer que no puedo con más y que tengo que esperar a que se gaste un poco para seguir alimentando el lugar donde, dicen, reside Dios.

Soy consciente de que vivo desbordado, que me como la vida a mordiscos, que succiono el fruto de la existencia hasta que ya no da más. Soy consciente, también, de que eso me llevo a veces a desbordar a los que me rodean y eso tampoco es bueno. Entonces paro y respiro. A veces lloro, sin poder controlarme, y dejo que las revoluciones vitales bajen un poco.

Vivir con pasión es asumir muchos riesgos.

La soledad se asoma a veces, con nocturnidad, y me mira de reojo. Siempre llega, antes o después, y se queda un ratito. La soledad del que ve que no todos llevan el depósito de la pasión lleno. La soledad del apasionado al que le cuesta entender, acoger y abrazar la contención del hermano sosegado, temeroso, desconfiado.

El dolor, invitado a la fiesta de la pasión, sabe que tiene las puertas abiertas y un campo propicio para crecer. Mi pasión hace daño, machaca, hunde, pasa por encima, inhibe, acobarda, minimiza, invisibiliza… y también se clava en mi corazón, impotente y sin saber cómo hacer tantas veces para no herir corazones queridos. El dolor que me cruje cuando mi pasión no es bien recibida, cuando, incluso, es despreciada, insultada o puesta bajo sospecha.

La decepción y el silencio, que observan atentos y esperan su momento, son también enemigos de mi alma. Porque ¿qué pasa si la pasión termina en fracaso, en vacío, en territorio de nadie? ¿Qué sucede cuando el sueño se vaporiza, el horizonte se pierde tras la bruma, el éxito se torna en tambores previos a la ejecución cruenta?

Abrazo mi pasión y la amo, la saboreo, la mimo y la cuido. Es apostar a máximos, es mirar la belleza de todo, es apostar siempre por una nueva oportunidad, es descubrir donde nadie ve, es levantarme pensando que hoy, y sólo hoy, es lo que tengo. Y me lanzo, me entrego, me vacío… y, cuando todo termina, me tiro en la cama agotado, roto… y feliz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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