Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
miércoles 21 abril |
San Anselmo de Canterbury

Palabra, escucha y ofrenda para este #DomingodeRamos

Santi Casanova - publicado el 25/03/18

Isaías (50,4-7)Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.


Me gustan las procesiones pero tienen un riesgo: vivir la Semana Santa como un espectador. No sólo eso, hay algo peor: un espectador que vive del emotivo recuerdo de un Cristo que dio, hace mucho tiempo, la vida por todos y que, año sí y año también, es sacado por la ciudad como amuleto protector al que aferrarme en tiempos oscuros.

Y lo cierto es que la primera lectura que nos ofrece este #DomingodeRamos es actual e incisiva, no deja lugar a los atajos. Con suerte para muchos, pasará sin pena ni gloria a la sombra de la lectura narrativa de la Pasión y de borriquitas, inciensos, palmas y olivos. Una lectura que habla de la acción de Dios sobre mí y de sus regalos más importantes: lengua para dar una palabra de aliento, oído para escuchar y toda una vida para ofrecer.

Jesús, si por algo se caracterizó y si por algo se cargó de una autoridad reconocida que cuestionó a la autoridad oficial, fue por hacer vida esto que hoy nos trae Isaías. Cristo fue la palabra de aliento de Dios para todo hombre y mujer. Cristo fue el modelo de hombre a la escucha de la voluntad de su Padre. Y Cristo fue la ofrenda máxima, el ejemplo de un amor sin límites que se ofrece sin límites.

¿Y yo?

La llegada de Jesús a Jerusalén aquel primer #DomingodeRamos no es más que la consecuencia lógica de una vida vivida desde estas tres dimensiones: desde la palabra, desde la escucha y desde la ofrenda. Y hoy a lo que se nos invita es a lo mismo. Y en un ambiente parecido. Y es que aquella Jerusalén, capital religiosa y política, lugar de encuentro y confrontación, aquella Jerusalén ocupada y anhelante de libertad, no es muy diferente a un mundo, el de hoy, que también se vive ocupado, confrontado, sediento de una libertad que no parece llegar. Hoy, como ayer, seguimos anhelando la llegada de una liberación profunda pero, a la par, vendemos nuestras emociones a cualquiera capaz de movilizarnos afectivamente y capaz de decirnos lo que necesitamos oír. Los anhelos son los mismos de siempre pero también lo es nuestra falta de valentía, nuestra torpeza, nuestro miedo por salirnos de lo establecido, de lo conocido, de lo cómodo, en definitiva.

Estoy llamado a ser palabra de aliento. ¿Quién necesita esta palabra mía? ¿Me lo he preguntado alguna vez? ¿Quién está esperando que yo le hable, le mire, le acoja y le cuente que sí, que hay esperanza, que sí, que Dios le ama, que está con él, que al final triunfa la vida y la luz? Palabra que me compromete. Palabra que remueve. Palabra que provoca, que cuestiona, que destapa la mentira, palabra de verdad.

Estoy llamado a vivir en la escucha permanente. Llamado a leer la voz de Dios a través de las circunstancias, de las personas, de la Iglesia, de la oración. Llamado a pararme y a escuchar. Llamado a hacer silencio y a callar. Llamado a obedecer al Padre. Llamado a supeditar mis planes a los suyos, a tenerle en cuenta en mis decisiones, a afrontar lo que venga por delante. Vertiginoso.

Y llamado a ofrecer mi vida, mi espalda, mi mejilla, mis manos, mis pies, todo mi ser. Llamado a gastarme, a darme por entero. Llamado a aceptar la soledad, los golpes, la incomprensión, el rechazo. Llamado a llevar la carga que llega siempre tras la palabra dicha tras la escucha atenta.

«El Señor me ayuda» dice el profeta. Jesús lo sabía también. Y lo sentía. Y con el rostro endurecido entra en Jerusalén sabiendo que no va a volver a salir y, a la vez, sabiendo que su Padre no le va a defraudar. Tampoco me defraudará a mí. Entremos con Él.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
DIOS ASI LO QUISO
Adriana Bello
Juan Luis Guerra y Ricardo Montaner le cantan al amor eterno
2
PADRE PIO
Philip Kosloski
Cuando Padre Pío rezaba por alguien, decía esta poderosa oración
3
Salvador Aragonés
La gran preocupación del Papa (y de la que no hablan los medios)
4
ROBERTA MASCENA
Redacción de Aleteia
Se gradúa con el uniforme de limpiadora de su madre
5
Amii Stewart
Silvia Lucchetti
Amii Stewart: Un día la estatua de la Virgen me habló
6
Juan Daniel Escobar Soriano
¿Por qué un católico no puede pertenecer a la masonería?
7
SAINT JOSEPH
Philip Kosloski
Esta antigua oración a san José es “conocida por no fallar nunca”
Ver más