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Ola de calor en un mundo muy frío

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Dicen que en Europa nos estamos derritiendo. Los termómetros marcan los máximos históricos en un final de junio «infernal». Curiosa expresión en un primer mundo lleno de aires acondicionados y cómodas poltronas donde dormir la conciencia. Los mapas están en rojo mientras los corazones tiritan de frío. Que sí, que hace calor, ya lo sabemos. Ahí afuera nos asamos pero… ¿y dentro?

Estos pasados días la imagen de un padre y su hija, muertos, intentando cruzar la frontera hacia EEUU por el Río Bravo, volvía a golpear las miradas agolpadas en los noticieros de medio mundo. Tremendo. Trágico. Vergonzoso. Pero nosotros a la nuestra, lamentándonos de injusticias inadmisibles mientras saboreamos un helado quejándonos de la ola de calor. El mercurio se dispara y, mientras el hielo se derrite en los polos, la escarcha crece en nuestras almas.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué esta sensación de apocalipsis que nos quieren hacer creer a los que mejor vivimos, mientras el infierno se cocina al otro lado de la frontera? ¿Por qué esta ingenuidad de ricachones, alterados por unos cuantos grados más, mientras el mundo muere en mares, en ríos, en pateras y lanchas sin rumbo ni esperanza? ¿Por qué nos abanicamos sin descanso en el sofá, o a la fresca, mientras hermanos y hermanas pierden su vida en nuestras narices y somos incapaces de sentir ya absolutamente nada?

Nos vivimos en la periferia de nosotros mismos, allí donde afectan sudores, calores, vientos y humedades. Pero nada cala, nada llega ya a lo profundo. Capas y capas de seguridades, cuentas corrientes, sanidades aseguradas, universidades sin mérito, políticos populistas y miedos irracionales… Capas y capas que impiden que nuestro corazón se abrase de verdad.

Una ola de calor es la que necesitamos, pero de calor humano, de esas que no llenan las secciones de meteorología de las televisiones, pero que son noticia por la vida que se abre paso. En una cruz, madera pura, se prendió la mayor hoguera del mundo, la del amor entregado. ¿Por qué no llenar de hogueras las calles, hogueras de besos y cuidados, de te quieros, de cómo está usted, de qué te pasa hoy, de cógete a mi mano?

Hace frío. Pese a lo quieran contarnos.

Un abrazo fraterno – @scasanova,

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