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Mucho hablar de Jesús y poco hacer como Jesús

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Cada vez que, como catequista, me miro al espejo no acabo de quedarme a gusto. La imagen que descubro no acaba de dejarme tranquilo. Hay dudas, miedos, inquietudes… Hasta ahí todo normal. Supongo que son sensaciones compartidas con todos los que, ahora y antes de mí, dedicaron parte de su tiempo a acompañar grupos de catequesis de niños o jóvenes o adultos. Pero el caso es que, hoy, aquí y ahora, las dudas, los miedos y las inquietudes se producen en un entorno de gran increencia, de pérdida de confianza en la Iglesia, de gran secularización, de multiculturalidad, de relativismo, de pérdida de las grandes verdades que, en otros tiempos, marcaban el camino. ¿Cuál es el camino ahora? ¿Cómo evangelizar? ¿Cómo dar a conocer a Jesucristo y proclamar, como los apóstoles y las mujeres, que el Resucitado está vivo entre nosotros?

«El fin último de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo».

Esta frase, que me encontré en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, me ha dado mucho que pensar últimamente. Sigo teniendo la percepción de que dedicamos mucha catequesis a poner en contacto con Jesús, a conocerle, pero dedicamos poco a poner en comunión con Él. Hablamos mucho de Él pero le imitamos poco. Lo admiramos mucho, le rezamos, pero no acabamos de ayudar a que los niños, jóvenes y adultos que vienen a nuestras catequesis, vayan ordenando su acción para parecerse cada vez más a Él.

Si me preguntáis la razón, os diré, con muchas dudas, que creo que nosotros tampoco tenemos interiorizado mucho de lo que supone seguir a Jesús; no hemos acabado de entender que ser cristiano no sólo se trata de hablar de Él, de creer en Él sino también de hacer como Él, de vivir como Él, de amar como Él. Y aquí entra de lleno el patrimonio de la doctrina social de la Iglesia, que no nos han enseñado adecuadamente y que no acaba de traducirse en comportamientos concretos. Y así, cada uno hace lo que le parece o, en el mejor de los casos, lo que entiende que es parecerse a Jesús.

La catequesis debería iluminarnos y lanzarnos a buscar y promover una auténtica liberación integral del hombre y la mujer de hoy; debería lanzarnos a buscar una sociedad más solidaria y fraterna, a luchar por la justicia y la construcción de la paz. Debería, como diría el Papa Francisco, ponernos «en salida».

La Doctrina Social de la Iglesia sigue siendo una de las grandes desconocidas. Y mientras, el mundo sigue girando, con sus políticos y sus políticas, con sus guerras, sus deshaucios, sus desempleos, sus dictaduras, sus pobres y sus ricos… mientras los cristianos seguimos sólo hablando de un Jesús muy romántico, muy divino y muy alejado de la concreción real de aquí y de ahora. Da que pensar.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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