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Mirando a los ojos a mi demonio

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Mi demonio no siempre da la cara aunque siempre está al acecho. Habita en silencio pero cuando habla, hace daño. Viste siempre de traje gris marengo. Aparenta lo que no es. Es un mentiroso, un gran mentiroso. Esa es su gran virtud: una mentira que disfraza de verdad, una farsa que interpreta con maestría.

No sabría decir desde cuándo está ahí. Sólo sé que ahí sigue. Es un tipo listo. Explota mis debilidades y susurra lo que necesito escuchar en cada momento. Que si te tienen envidia, que si no te quieren, que si sólo piensa en ella, que si tú lo haces mejor, que si tú te encargaras esto funcionaría de otra manera… Huele mi hambre de felicidad y mi miedo al fracaso y al rechazo. Mi demonio tiene el olfato muy agudo y le saca mucho partido. Me conoce y sabe dónde duele. Llena los vacíos como nadie. Aplica a las heridas un tratamiento de choque que calma los síntomas aunque no cure las causas. Engalana, redecora, posturea, maquilla con descaro. Ofrece comida rápida espiritual a buen precio. Mantiene el estómago lleno aunque no alimente ni cuerpo ni alma.

A veces pienso que me he acostumbrado a él. Otras veces me creo lo que él me dice: soy así y punto, y al que no le guste… que coma ajos. Sin embargo, hay momentos en los que la luz me acaricia y soy capaz de decirme la verdad. Levanto la cabeza y compruebo que no todo funciona, que no hago el bien que me gustaría, que golpeo lo que quiero, que hiero a quien me quiere, que impongo lo que no soy, que escondo mi yo más bueno. Voy a intentar cambiar, me digo. Pero no lo consigo. ¿A ti no te pasa? Esas cosas con las que llevas lidiando toda una vida… y ahí siguen… dando por saco tenazmente y, siendo claros, impidiéndome hacer felices a los que tengo al lado como se merecen.

La voluntad no puede con la sombra. Sólo la luz le come el terreno. Y la luz sólo viene de Dios. ¿Por qué me empecino en luchar batallas sin más armas que mis propios puños y que mis ingenuos deseos de victoria?

Sólo tú, Jesús, fuente de toda luz, puedes tocar mi corazón y expulsar al okupa que se ha hecho fuerte en alguno de sus rincones. Sólo tú, Jesús. Toma mi fe, llena de dudas, insolente y autosuficiente. Toma lo que soy, mi pequeñez, y arregla tu cacharro.

Mi demonio tiene miedo. Sabe que si Jesús entra, nada podrá hacer. Entra, Señor. Te lo ruego. Entra y ocupa mi corazón por entero.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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