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Mi mujer y yo… hacemos testamento

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Estos días de verano, mi mujer y yo estamos pensando en hacer nuestro testamento en cuanto volvamos a casa. Llevamos tiempo dándole vueltas y ambos vemos que es necesario dejar por escrito, formalmente y ante notario, qué queremos que suceda con nuestros bienes si uno de los dos fallece o si ambos fallecemos, más si cabe siendo nuestros hijos todavía menores de edad.

Hay personas que este tema no les gusta porque parece que es hablar de la posibilidad de la muerte como si eso la hiciera más probable. Hay gente a la que le da “mal rollo”. Nosotros , en cambio, estamos de acuerdo en que la muerte no avisa y que lo mejor es que todo esté en orden si ese momento llega; por el bien de nuestro cónyuge, de nuestros hijos, de nuestros familiares… No nos asusta pensar en ello, más bien al contrario.

Pensar en el testamento te pone de cara con varias cuestiones importantes. Una de ellas es reflexionar sobre lo que uno tiene. ¿En qué consistiría nuestra herencia? ¿De qué bienes disponemos en este mundo? ¿Hemos acumulado, guardado, ahorrado…? Los bienes a veces hablan de la vida que uno ha llevado y es interesante mirar de frente a esta realidad. Otra cuestión es el tema de afrontar la posibilidad de la muerte mañana mismo. ¿Cómo quiero que se queden las cosas si eso que nadie quiere… sucediera mañana, de repente y por sorpresa? Inmediatamente e inevitablemente uno piensa en lo poco que somos, en lo frágiles de nuestros planes, en lo rápido que pasa el tiempo y en la necesidad no sólo de exprimir la vida a cada instante sino también de estar listo si la muerte llama a la puerta. ¿Estoy listo para irme mañana con todos mis asuntos cerrados, en paz con Dios, con los demás, conmigo? Y por último, a mí me hace pensar sobre los bienes inmateriales que también me gustaría que recibieran de mí aquellos que se quedan.

¿Qué he aportado yo a mis hijos? ¿Y a mi mujer? ¿Y a mis amigos, conocidos, alumnos, etc.? ¿Y a la humanidad? ¿He podido hacer lo que Dios esperaba de mí? ¿Con qué idea se quedarán de Santi Casanova? ¿Qué habré enseñado? ¿Qué habré dado? Esto me preocupa mucho más que lo de antes. El testamento vital es, al fin y al cabo, el más importante. Me gustaría dejar fe, confianza, alegría, mi sonrisa, mi pasión por la escuela, mi amor por la Iglesia, mi fidelidad, mi lucha en aquellos asuntos que no han ido del todo bien y han requerido pelea y constancia…

Ojalá la muerte tarde en llegar y ojalá yo puedo dejar lo mejor de mí. Jesús nos dejó en herencia una cruz llena de amor. Yo aspiro a dejar lo mismo. No hay tiempo que perder.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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