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Mi esposa no me besa. Mi esposo no me abraza

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Investigando en Google, me di cuenta de que una de las búsquedas más frecuentes acerca de un esposo o esposa era la siguiente: “Mi esposa no me besa / Mi esposo no me besa / Mi esposo no me abraza”. Me llamó la atención y confirmó una vez más la certeza de que las personas preguntamos a Google muchas cosas, desde las más técnicas o estúpidas hasta las más profundas e importantes. Necesitamos respuestas, consejo, escucha y, o bien porque no lo encontramos en otro sitio o bien porque vamos la fácil, volcamos nuestras cuestiones en la red.

Entrando ya en el asunto, parece que Google nos pone encima de la mesa un problema que late en muchas parejas: la dejadez afectiva, la desafección, la pérdida de atracción sexual, la mala gestión emocional de nuestros sentimientos, el escaso valor que le damos al contacto, a la comunicación corporal y a los pequeños detalles de cariño… que nos van distanciando, cada día un poquito más.

No me preocupa tanto ahora analizar las causas como lanzar una batería de posibilidades que no nacen desde la teoría de la ciencia matrimonial pero sí desde la experiencia de estos años de matrimonio:

  1. Esto hay que hablarlo. Es necesario que tu cónyuge sepa que tú estás insatisfecho o insatisfecha a ese nivel. Tienes que decirle que necesitas más besos, más caricias, más abrazos durante el día.
  2. Empieza por ti. ¿Por qué no pasar al ataque? Si necesito un beso, ¿por qué no darlo? Si necesito un abrazo, ¿por qué no buscarlo? Somos distintos y casi siempre es más fácil que dé el primer paso aquel para el que resulta más sencillo. No te lo pienses tanto.
  3. Cuídate. ¿No será que has perdido parte de tu atractivo? El amor es para siempre claro… pero lo podemos poner más fácil o más difícil. ¿Has probado a peinarte de vez en cuando? ¿A llevar una ropa menos cómoda pero más “interesante”? ¿Y si dejas el chándal o el pijama para cuando sea imprescindible? ¿Y el olor… un poquito de perfume? ¿Y esos kilos de más…? ¿Podríamos prescindir de alguno?
  4. Propón alguna “travesura” de vez en cuando. Las parejas nos vamos “hundiendo” en la rutina tantas veces… Entre los niños, los colegios, los baños, las lavadoras, las cenas, los trabajos… ¿Por qué no proponer algo que rompa un poquito la dinámica? ¿Y una cenita fuera de sorpresa? ¿Y un cine? ¿Y un ratito imprevisto en el dormitorio, cuando “no toca”?
  5. Si detectas que su apatía es reflejo de algo más importante o que viene de lejos, el tema se complica pero hay que afrontarlo. Ponlo encima de la mesa y a ver qué podéis hacer entre ambos para poner solución cuanto antes.

Lo que está claro es que somos cuerpo y que lo necesitamos. No llegan las palabras, ni los sentimiento, ni las certezas… O nos besamos más a menudo, o nos acariciamos más a menudo, o nos abrazamos más a menudo… o está va en declive. Así que… ¡que no pase de hoy!

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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