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Mi carta a SS.MM. los Reyes Magos

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Queridos Reyes Magos:

Si fuera uno de mis hijos comenzaría esta carta diciendo que me he portado bien este año pasado. Como no lo soy, simplemente voy a decir que lo he intentado. De verdad. Lo he intentado. He intentado ser fiel al Evangelio y soy consciente de que muchas veces lo he conseguido y muchas veces no. Como un niño pequeño, de débil voluntad, sigo fallando en aspectos y en momentos que son ya tan conocidos… que hasta cansa recordarlos. He ido aprendiendo a quitarles importancia y, aunque deben seguir siendo piedra de toque personal, no estoy dispuesto a que absorban toda la energía y la alegría que mi vida se merece. Hago cosas mal, sí. E intento corregirlo. Ya está.

Cada vez me pido menos cosas en la carta. No sé si es fruto de la edad. Ojalá que no. No soy tan mayor J. Y ni siquiera sé si eso es bueno o malo. Podría pensarse que uno madura y que sabe ir a lo importante a la hora de escribir estas líneas. Por otro lado, puede que esa madurez le quite a uno la inocencia de pedir aquello que fue importante en algún momento y que, ahora, ahogado por lo urgente, por lo abstracto, por lo realista… se ha ido quedando al fondo del pozo de los sueños.

Como padre, os pido sabiduría a la hora de educar y acompañar a mis hijos en su crecimiento. Nadie nos enseña a ser padres y, por mucho que se diga o se escriba, cada hijo resulta ser luego un alma distinta, un mundo interior único, una persona peculiar. No creo que mi mujer y yo vayamos mal encaminados pero sí detecto a veces la necesidad de tener bajo control su crecimiento. Un adolescente en casa te va bajando del pedestal poco a poco y aun así, me cuesta. Necesito sabiduría para saber cómo estar, cuándo hablar, qué decir, cómo respetarles mejor, cómo encaminar sin asfixiar.

Como esposo, os pido ternura, la que mi mujer necesita de mí. Más ternura, más caricia, más aliento, más apoyo. A veces necesito demasiado llevar la razón, imponer mis criterios, manejar a mi estilo. Nuestro matrimonio es fuerte en su precariedad. Como todo matrimonio necesita de un cuidado exquisito y continuo. A veces espero demasiado de ella y ofrezco poco.

Como escolapio laico comprometido, os pido tesonera paciencia y afortunado atrevimiento. Paciencia para vivir en comunidad, para querer a mis hermanos, para valorar sus dones, para entregarme a la misión con ellos. Paciencia para saber que el horizonte no llega inmediatamente y que los cambios suelen cocerse a fuego lento, los personales y los institucionales. Paciencia con los niños, sobre todo con aquellos que la ponen a prueba. Y atrevimiento… pues la paciencia es tramposa y puede llevarnos a una cómoda aceptación de la realidad, a una vida permanente en mi zona de confort. Atrevido para proponer novedad. Atrevido para luchar y defender aquello que creo verdadero y bueno. Atrevido para escuchar la voluntad del Padre y llevarla a la práctica.

Como ciudadano español, nacido en Galicia, casado con una madrileña, de madre catalana y padre gallego, con hijos madrileños y residente en Salamanca… os pido puentes, muchos puentes. España los necesita. Puentes para encontrarnos, para escucharnos, para valorarnos, para descubrirnos y redescubrirnos. Y una clase política excelente, honesta, al servicio del bien común y especialmente atenta a los más pobres y necesitados. La mediocridad actual os la podéis llevar a Oriente. Traed varios camellos porque con uno no vais a poder…

Y como hijo de Dios, os pido luz para todos. Luz para aquellos que, siendo miembros de la Iglesia, a veces somos oscuridad para otros. Luz para los que buscan y no encuentran. Luz para los que no se saben amados por Dios o para los que han decidido hacer de Dios una idea terrible, peligrosa y amenazadora. Luz para los pueblos. Y más agua. Y más hielo. Y un planeta más verde y más sano.

Y recordad todo eso que he pedido desde niño y que nunca me habéis traído: la camiseta del BarÇa, un Ibertren, el Risk y alguna otra cosilla que hay por ahí pendiente… 😉

Nos vemos el año que viene. Ojalá vuestra presencia sea estímulo en el misterio.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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