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Luto nacional. Un silencio para honrar a los que se han ido.

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Son las 0:56 del 27 de mayo de 2020. A estas horas, están confirmados 27.117 fallecidos en España y 351.531 en todo el mundo. La situación sigue siendo trágica en muchos países, que todavía están «subiendo la curva». En otros, cuanto menos, nos queda el miedo, la economía maltrecha y las lágrimas por aquellos a los que, en su mayoría, no hemos podido despedir. Comienzan 10 días de luto oficial en España.

Desconozco si las autoridades, y el resto de partidos políticos, que convocan a toda la ciudadanía a homenajear a los que se han ido, estarán a la altura de las circunstancias. Porque el luto verdadero no se acaba en las banderas a media asta, los crespones negros y los funerales de Estado. El luto es un llamamiento a hacer silencio, a movilizar el corazón, a ponerse al lado de aquellos que han visto marchar a padres, madres, hijos, hermanas, tíos, abuelas, amigos… y sienten que su vida, de alguna manera, está ya huérfana de por vida.

Un profesor que tuve, lo recuerdo perfectamente, nos comentó en una clase de Antropología que lo mejor de la vida nos ha sido dado. Si nos paramos a pensar, es verdad. Lo más importante que tengo no ha sido conseguido por mis capacidades, por mis méritos, por mi esfuerzo. La vida, los estudios, la familia, la amistad, los recuerdos compartidos, la fe… nada de esto ha sido conseguido por mí mismo. Soy, realmente, lo que otros me han dado. Soy, mayormente, el fruto del amor de muchos. Por eso es importante parar hoy, y durante 10 días, ser consciente de la deuda que todos adquirimos con los que han marchado sin haberlo previsto.

El luto de mi país me compromete moralmente, como persona, como ciudadano, como hermano de nuestros fallecidos y de sus familiares.

  • Estar de luto implica, en primer lugar, poner nombre, y nombres, a lo que ha sucedido. Implica buscar y acercarse a las historias concretas tejidas por esos hombres y mujeres que nos han dejado. Detrás de la cifra están las historias vividas, las familias rotas, los proyectos truncados… y también los recuerdos de lo celebrado, de lo disfrutado, la semilla para un futuro mejor. Estar de luto implica ponerse de frente a la tragedia y dejar que nos traspase, sin aspavientos, con consciencia. Implica estar cerca del dolor de tantos y, sin pretender entender lo que han tenido que vivir, simplemente cerciorarse de que sepan que no están solos.
  • Estar de luto implica agradecer a Dios la vida gastada y ya terminada de nuestros muertos. Implica dar gracias, sin necesitar grandes detalles, por las enseñanzas de vida que ya han sido heredadas, por los esfuerzos pasados para un presente maltratado por aquellos que siguen pensando que esto va de «unos contra otros» en lugar de «todos juntos». Seguramente han sido vidas humildes algunas, memorables otras, acomodadas o apretadas, con errores y aciertos, llenas de decisiones personales que han marcado el presente y el futuro de los que se han quedado y los han conocido. Gracias.
  • Y estar de luto implica ser dignos de aquello que nos dejan entre manos. Mal hijo es aquel que malgasta la herencia de unos padres que han luchado toda una vida para darle lo que ahora tiene. Un país, una sociedad, unos valores, unos principios, unos derechos, unas ideas, unas creencias… que debemos dignificar, salvaguardar, honrar con altura personal y conciudadana. Estar de luto es comprometernos a trabajar para que aquellos que están ya en otro lugar, miren con orgullo lo que seguimos construyendo.

Y hablémosles a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a los que vienen por detrás, de lo que hemos vivido, de lo que hemos sufrido, de lo que hemos perdido. Y hablémosles también del futuro que toca levantar, con la esperanza firme en que sea mejor. Comprometámonos con los que nos suceden, como nuestros mayores se comprometieron con nosotros. Gastemos la vida en aquello que merece la pena, en los altos ideales y valores que conforman una existencia apasionante. Vivamos 10 días de tristeza para volver con fuerza, con el deseo de querer seguir aprovechando la vida que se nos ha regalado, una vida demasiado frágil para tirarla a la basura.

Que Dios los bendiga, y nos bendiga a todos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

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