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La viralidad del mal

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Hay días, y noches, que dan ganas de meterse en la cama y no levantarse. Uno mira alrededor y parece que el mundo se viene abajo. No hay tiempo de disfrutar de una buena noticia. Cuando en un lugar se apaciguan ánimos, en otro estalla la incomprensión, la indiferencia, la violencia… Y en esta sociedad de la información, en la que el sufrimiento puede vivirse casi en tiempo real, el corazón se van ensombreciendo rápidamente. Es como si la sombra, el mal, acabara por ser tendencia. La viralidad del mal, diría yo.

¿Es que el bien nunca es viral? Porque hay muchísimas personas buenas en el mundo, haciendo cosas maravillosas. Sigue habiendo mujeres y hombres, padres y madres, dando la vida cada día por sus hijos. Sigue habiendo maestros y maestras con la esperanza intacta, intentando educar para que el futuro sea mejor que el presente. Sigue habiendo curas y monjas y obispos y religiosos y catequistas… que cada día se remangan para dar ejemplo y testimoniar al Jesús que dio la vida por todos. Sigue habiendo científicos que intentan que sus avances lleguen antes a los más pobres, y economistas que inventan nuevas medidas para que el mundo sea más justo, y banqueros éticos, y empresas que generan riqueza y trabajo en una determinada comunidad. Sigue habiendo políticos vocacionados, preocupados por mejorar la vida de sus ciudadanos, honestos y comprometidos. Sigue habiendo deportistas que muestran lo mejor del hombre y de la mujer, que luchan, se esfuerzan, compiten, respetan, ganan y pierden y siguen compitiendo. Sigue habiendo artistas, pintores, cantantes, actores, músicos, poetas, escritores… que ofrecen la belleza de su obra como camino a la verdad. Sigue habiendo carniceros y electricistas y peluqueros y diseñadoras y gestoras y abogadas.. que cada ríen sonríen a sus clientes y buscan su beneficio, que transmiten unos valores en sus puestos de trabajo. Héroes de lo cotidiano. Sigue habiendo personas que ayudan a cruzar, que miran con amor, que tienden una mano, que dejan todo para escuchar, que ponen el hombro.

Yo diría incluso que el bien es mayoría pero el mal siempre consigue titulares, likes y retuits. Sabe que la batalla se juega en el terreno de la esperanza. El partido es largo y el mal juega a desgastar y a confundir y a desanimar. Quiere que bajemos lo brazos. Quiere que pensemos que el ser humano ha dejado de valer la pena. Y nuestra tarea es no rendirnos y seguir luchando. En el silencio. En el anonimato. Da igual. El mundo se salva en un gesto, en una caricia, en un bien por mal, en un amor sin condiciones. La humanidad está en las manos de cada uno de nosotros.

Jesús murió como uno más, como los peores. Humillado, fustigado, acallado. Acepto su frágil humanidad y le enseñó al mal el camino para acabar con él. Ahí estaba la victoria. Jesús mostró el camino: al mal sólo lo vence un corazón lleno de amor, entregado hasta el final. Así, la victoria es segura. Sigamos. Creamos. Esperemos. Confiemos.

Un abrazo fraterno
www.santicasanova.com

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