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La fuerza del silencio. Comencemos hoy.

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Vivimos días convulsos en España. No voy a hacer un análisis de las causas y de las posibles soluciones. En España, ya cada uno tiene el suyo. Somos así. Listos por naturaleza. Lo que sí voy a proponer es hacer algo que creo que nos hace falta: SILENCIO.

Muchos dicen que es ahora el momento de levantar la voz y de defender principios, libertades y unas cuantas cosas más. En lo segundo puedo estar de acuerdo. En lo primero… tengo mis dudas. Poco hace una voz en una habitación llena de gritos. Poco se escucha la palabra cuando ésta no llega al tono de las demás. La única opción que queda es gritar también. Y no me parece una buena alternativa. Simplemente no aporta nada. Porque el grito lleva al grito.

El silencio, en cambio, es el primer paso para que el tono baje y para que empiecen a distinguirse voces y tonalidades. El silencio es una actitud del que se niega a gritar por encima de nadie. Es una manera de defender principios, libertades y unas cuantas cosas más pero habiendo dedicado antes un tiempo a contemplar, a escuchar, a parar, a sosegar el ánimo propio y a llevar paz al corazón.

Los corazones agitados no suelen resolver ningún problema. Nunca. Nos movilizan, nos advierten, nos enternecen, nos enfadan, nos trasladan la información emocional de cómo estamos, de qué sucede, de cómo nos sentimos… pero no son los mejores compañeros para cambiar las cosas.

Hace falta silencio en nuestra vida. ¡Y qué poco lo practicamos! Andar con prisa no es silencio. Estar rodeado de ruido y tecnología todo el rato no es hacer silencio. Pensar y actuar como si todo dependiera de mí no es hacer silencio. Dejarme llevar por la actualidad, la realidad más desbordante, no es hacer silencio. No mirar el detalle, perder el foco de lo importante, dejar de saborear y disfrutar cada mañana no es hacer silencio. Y lo necesitamos.

A los creyentes nos duele el silencio de Dios ante muchas cosas que suceden en el mundo. No entendemos el silencio de Jesús durante su injusto juicio ni en la cruz. Convertimos el silencio en sinónimo de la inacción, de la sumisión, de la aceptación pasiva de la realidad. ¿No será que no estamos entendiendo nada? ¿No será que el silencio de verdad es una actitud tremendamente activa, tal vez la única, ante la realidad que nos toca vivir muchas veces?

Hoy. Empecemos hoy. Cinco minutos de silencio. Sin hacer nada. Sin pensar en nada en particular. Ni siquiera repitiendo oraciones de memoria. Sólo silencio. Yo lo voy a hacer. ¿Te apuntas?

A ver qué pasa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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