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Kit de supervivencia para parejas con hijos

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La columna vertebral de una familia es el matrimonio, la pareja de cónyuges. Esto sirve para creyentes y no creyentes. Es en la salud de esa unión donde nos jugamos la capacidad de la familia de crecer, salir adelante, afrontar dificultades, educar con garantías… Tengo la sensación de que hemos ido minimizando su importancia, a veces con buenas intenciones, y que nos hemos ido acostumbrando a un perfil bajo de pareja donde lo que parece es que los hijos han conquistado el centro de la escena familiar y papá y mamá, simplemente, son eso, papá y mamá haciendo lo que pueden.

Si la pareja flaquea, la familia se tambalea. Si la pareja se pierde, la familia se despista. Si la pareja no se cuida y se sitúa en el epicentro del hogar… los hijos nunca aprenderán del todo, por muy bien que les tratemos y por muchos buenos deseos que tengamos para ellos, a ser adultos, a ser amantes, a construir familia y relaciones.

Os voy a proponer pequeñas acciones que, al menos a mí, me han servido, y lo siguen haciendo, en mis casi 15 años de matrimonio, con tres hijos y un sinfín de tareas cotidianas.

  1. Desayunar juntos o buscar algún ratito al día exclusivo. No vamos a sacar grandes ratos. Tampoco los queremos. No nos planteamos irnos de vacaciones al Caribe los dos solos y dejar a nuestros hijos un mes con los abuelos. Ni nos gusta el plan ni queremos estar tanto tiempo sin los niños. Pero algo exclusivo es necesario. Si uno se va antes que el otro a trabajar, ¿por qué no levantarse juntos para poder compartir el desayuno, los primeros rayos de sol del día, las primeras noticias? Es un ratito exclusivo precioso, que marca el día. Y si no es posible ahí, en otro momento. Ver una serie juntos por la noche, con los niños acostados. Un café después de comer antes de recogerlos del cole… No se necesita mucho, pero se necesita algo.
  2. Buscar ratos para mantener relaciones sexuales. El sexo es sanador, divertido, relajante, generador de comunión, antiinflamatorio… imprescindible. Buscarse y buscar lugar y momento denota interés por mantener viva una llama que no puede apagarse, la llama del deseo mutuo. ¿Que por la noche llegamos agotados a la cama? Pues por la mañana, antes de salir de casa. ¿Que no es posible? Pues al mediodía, por la tarde, en la merienda… ¡Busquemos juntos! Pero no cedamos a esa terrible rutina de ver cómo los días acaban con nosotros sin más… Es sabernos prioridad. Es demostrar que más allá de preparar meriendas, duchas, camas, lavadoras, estudios… también debemos prepararnos para el otro, seguir estando atractivos, seguir participando del juego de la seducción.
  3. Prodigarse en detalles de cuidado mutuo. A veces no es posible sacar los ratos que nos gustaría pero podemos tener detalles que demuestren al otro que pensamos en el él y que queremos cuidarle en la medida de nuestras posibilidades. Irnos a buscar al trabajo algún día, dejarnos el café preparado, prepararnos nuestra cena favorita, comprarnos un bollito para tomar a media tarde, hacernos un regalo sin razón alguna…
  4. Enviar un whatsapp a media mañana diciendo te quiero. ¡Qué sencillo esto! Un emoticono adecuado puede expresar un montón. Por lo de pronto expresa que te llevo en el pensamiento. Un “Te quiero” a secas. Un beso. Un piropo. ¡Lo que sea! Aprovechemos el whastapp para estas cosas y saquemos partido para lo que de verdad importa.
  5. Escaparse esporádicamente. Dejemos a los niños con los abuelos, con los tíos, con unos amigos, con una niñera… ¡Pero hay que salir! No voy a ser yo quién diga con cuánta frecuencia pero sí de vez en cuando. Salir al cine a ver algo que no sean dibujos, al teatro, a cenar a un sitio especial, a dar un paseo… Coger un fin de semana para celebrar el aniversario, un cumpleaños, una fecha especial… Los niños se lo pasan bien con una situación que se sale de lo normal y viven como una aventura ir a dormir a casa de otro o, incluso, que la niñera venga a casa a cuidarlos y a jugar con ellos. ¡Y nosotros encantados! ¡Todos contentos! Necesitamos desconectar y descubrir que seguimos siendo dos, uno para el otro. Necesitamos salir de casa, el lugar donde a veces las tareas nos consumen. Necesitamos tomar aire para volver con fuerzas renovadas.
  6. Mantener algún hobbie personal. También puede ser el mismo pero creo que es más fácil que cada uno se dedique un tiempo en algo que le resulte gratificante. Leer, escuchar música, navegar por las redes sociales de vez en cuando, hacer un puzzle, calcetar, ver cine, salir alguna vez con los amigos, ir al gimnasio, hacer teatro en el cole de los niños, etc. Es simplemente tener algo que nos ayude a seguir estando en contacto con aquello que nos hace sentirnos vivos, que nos agrada, que nos divierte, que es nuestro, que nos permite “descansar”, estar con otros, reír…
  7. Participar juntos de algún compromiso con los demás. Para nosotros ha sido importantísimo compartir fe y misión. Pero entiendo que sin fe también puede vivirse algo parecido. Ver como pareja dónde poder apoyar, ayudar, dedicar rato a los demás, implicarse juntos en alguna causa, perder tiempo con el prójimo, luchar por un mundo mejor. Juntos nos ayudará a vivirlo de una manera en la que ambos nos sintamos implicados, aunque eso no implique participar ambos físicamente.
  8. Intercambiarse las tareas con los hijos. ¿Qué es esto? Pues que si uno los lleva a la piscina, otro al conservatorio, uno los lleva al cole por las mañana, otro hace los deberes en casa con ellos, etc. pues es bueno, algún día, intercambiar y romper con lo de siempre que, a veces, puede llegar a convertirse en pesado y agotador. Los niños también lo agradecen y reforzamos la idea de que las cosas no son “de papá” o “ de mamá” sino de todos.

Pequeñas ideas sacadas de la experiencia. Cada uno tendrá las suyas. No es fácil ponerlas en práctica pero es imprescindible y, aunque no lo parezca, es lo mejor para nuestros hijos. Ellos se merecen unos padres que se tengan como prioridad el uno para el otro. Es su mayor garantía de “éxito”.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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