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Jornada Mundial de la Juventud en Lesbos

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¿Os lo imagináis? Sería tremendo. Me cuesta imaginarlo. Pero el reciente anuncio de que el Papa Francisco viajará a Lesbos a encontrarse con la realidad sufriente que llega a esa isla cada día, portando la misericordia del Señor, me ha llevado a pensar sobre las cosas en las que muchos católicos hacemos caso al Papa y en cuáles no.

Millones de jóvenes se desplazarán desde todos los puntos del planeta, este próximo verano, para encontrarse con Francisco en Cracovia, Polonia, en el marco de una nueva Jornada Mundial de la Juventud. “Seguimos al Papa” dirán muchos. “Queremos encontrarnos con el Señor” dirán otros. La realidad será que muchos vivirán una experiencia fuerte en su camino de fe y otros muchos disfrutarán de un viaje a tierras polacas, conocerán mundo, personas… y poco más. Aún así, es impactante la movilización de la juventud con el pretexto de la llamada del Papa a encontrarse.

Pero ¿por qué no sucede lo mismo cuando el llamamiento es a encontrarse con los más pobres, con los refugiados, con los desfavorecidos, con los descartados, con los hambrientos…? Muchos no están ni siquiera sensibilizados ante las tragedias del mundo. ¿Alguien se ha planteado acompañar la visita del Papa en Lesbos? ¿Tenemos los adultos, catequistas, párrocos, padres, acompañantes, etc. cierta responsabilidad en que esto sea así?

El hecho es que al final el Papa va a ir a Lesbos y pocos van a estar con él. El hecho es que Francisco nos llama, día sí y día también, a salir al encuentro de quién más necesita la misericordia del Señor… y seguimos cubriendo el expediente con miguitas de solidaridad. El hecho es que seguimos buscando al Señor donde no toca, más que buscarlo donde Él nos dijo que estaría.

Y a nivel de Iglesia, de organización, también me pregunto si estamos en un momento en el que sería necesario replantear ciertos asuntos. ¿Hasta qué punto sigue siendo razonable movilizar a la juventud como se está haciendo cada 2-3 años? ¿Hasta qué punto nos implica en la misión real de llevar esperanza y buena noticia al resto de la humanidad sufriente? ¿Hasta qué punto lo que cuesta organizar, patrocinar, sostener, viajar, etc. y todo lo demás de una JMJ tal como la conocemos se justifica hoy, en un mundo de refugiados, fronteras, pobres, vallas, desigual e injusto?

Ojalá le demos una vuelta. Yo dejo ahí las preguntas y no tengo una respuesta clara para ellas. Pero mi corazón ya está rumiando sobre todo esto. Que el Señor nos ilumine y que su Madre nos acompañe.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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