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Ir adonde me lleven

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Hoy comienzo un campamento de una semana con chicos y chicas de 2º de Secundaria, 14 años más o menos. Hace 6 años que no participo en un campamento con jóvenes y confieso que me debato entre la ilusión y la expectación y cierto miedo a que se me hayan “olvidado” cosas y a, 6 años después, ser un viejuno que ya no conecte con ellos.

Algo que me anima a estar en este campamento es, sin duda, que no ha sido algo buscado. Mi apertura a participar en alguna actividad de verano fue siempre clara pero… yo no elegí ni fecha, ni grupo ni actividad. Últimamente estoy en ese planteamiento: tengo mis preferencias, tengo mis intuiciones, tengo mis debilidades… pero dejo que la vida fluya y que otros y Otro decidan por mí.

Cada uno tenemos nuestro planteamiento de vida y yo voy descubriendo que dejarse ir es, tal vez, lo que nos ha pedido de siempre el Señor. Dejarnos ir a donde Él nos pida ir. ¿Cómo sabemos que es Él el que nos requiere? Bueno, es estar con la antena sintonizada y ponerse a tiro. Al final se trata de poner la vida a tiro, tomar ciertas decisiones de inicio, realizar un buen discernimiento, intuir al Espíritu que sopla aquí y allí, y luego… sin miedo. Sin duda, se vive más feliz. Es cierto eso de que el Señor lo colma todo. ¡Y eso que yo estoy todavía a años luz de considerarme un ejemplo de seguimiento! Pero voy aprendiendo a no querer decidirlo yo todo y a saberme en cada momento allí donde, posiblemente, debo estar.

El verano vuelve a plantearse lleno de incertidumbres de cara al curso que viene. Sin saber si voy a dar clase, qué clases, qué labores voy a realizar en buena medida… todo se tiñe fácilmente de niebla que todo lo humedece y lo enfría. Se me agolpan los sueños en la cabeza y el corazón, me palpita el alma llena de deseos y proyectos, cuestiono el por qué sí y el por qué no… pero luego me digo que el Señor sabrá. Que Él me ha traído hasta aquí. Que Él me conoce. Que Él me sabe dispuesto. Él sabe lo que yo, todavía hoy, soy incapaz de intuir.

Hoy comienza el campamento y, al comienzo, todo serán caras nuevas, vidas desconocidas, jóvenes en búsqueda que no saben ni quién soy ni les importa. Pero resulta que nuestras vidas se van a cruzar y que , a estas horas, ninguno somos capaces de prever qué puede significar eso para cada uno.

Rezad por mí y por estos chicos. Que el Señor nos guíe, nos sostenga y nos dé fuerzas para llevar adelante sus planes.

Un abrazo fraterno –

 

 

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