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Intimidades de maestro

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Pueden llamarnos profes. Pueden llamarnos maestros. Tal vez educadores. Pueden tratarnos de tú o tal vez de usted. Pueden pensar que tenemos demasiadas vacaciones o reconocer que nuestra labor es encomiable. Pueden llevarnos la contraria o colaborar con nosotros. El caso es que sea como sea, ser educador, ser maestro, ser profesor… es una de las profesiones más apasionantes, intensas, desgastadoras, necesarias, plenas y difíciles que existen. Entrar en comparaciones no tiene sentido. Hay muchas personas que, igual que los maestros, dan su vida en la obra, en la oficina, en el banco, en la carnicería… Es verdad. No somos ni más ni menos que nadie. Pero todos los que entramos en un aula y tratamos con ellos, con los niños y niñas, chicos y chicas, que nos han sido confiados durante un tiempo… sabemos que lo que hacemos es único.

La escuela hoy es un auténtico campo de batalla donde diferentes ideologías, culturas, maneras de entender la educación, grupos de personas, gobiernos, medios de comunicación, tendencias, mochilas llenas, libros, conocimientos, experiencias, valores… reclaman su espacio para acercarse a esas mentes y corazones que están empezando a descubrir mundo. A veces en condiciones buenas y otras veces en precario. A veces con aciertos y otras con errores. A veces de la mano de las familias y otras desde una mirada de desconfianza. A veces innovando y otras asegurando aquello que siempre ha funcionado… Ahí estamos nosotros. A veces motivados. A veces desganados. A veces vocacionados. A veces obligados. A veces cansados y llenos de desesperanza. A veces ilusionados, cargados de energía y plenos de esperanza. A veces cuestionados. A veces reforzados. Ahí seguimos. Con cicatrices y curas. Con flores y con nubarrones. Con un vaso medio lleno en una mano y en la otra una regadera cargadita de agua para seguir alimentando y desbordando lo que cada uno lleva dentro.

No hay secretos ni recetas. Ni héroes. Ni superhombres, ni supermujeres. No hay villanos. Simplemente hay rostros, personas, ideas, realidades, experiencias, cariño, sentimientos, trabajo, mucho trabajo, profesionalidad, formación. Y, posiblemente, la convicción de que sigue valiendo la pena irse gastando, como la tiza, a la vera de pizarras, mesas y alumnos.

Tal vez abrumados por programaciones, calidades, planes, evaluaciones, correcciones, proyectos, campañas… pero enamorados de verbos olvidados como suscitar, remover, alumbrar, sugerir, promover, iluminar, acoger, transformar, anunciar, educar…

Estamos en noviembre. Ya hace frío y llegan los primeros exámenes y, en breve, las primeras notas. Tutorías en marcha. Nombres casi sabidos. Y el corazón latiendo a pleno rendimiento. Primeras afonías. Casi mejor. Que hablen ellos. Que hablen. Y que les digan a todos quiénes son y qué anhelan. Que hablen ellos. Que tengan voz suficiente para gritar al mundo que han venido para hacerlo todo mejor y para llenarlo todo de belleza. Que han venido al mundo… a ser. Amén.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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