Aleteia

Hijo,hija, hablemos de sexo…

Comparte
No es una, ni dos, ni tres veces, las que he hablado con una amiga acerca de cómo charlar con los hijos, que se van haciendo mayores, de sexo. ¡Mira que no hay asuntos y temas de los que hablar con los hijos! Pero éste nos da mucho respeto, temor, vergüenza… un poco de todo. Yo nunca he tenido esa sensación. Sí creo que es un tema serio, delicado y que toca algo muy nuclear de la persona pero, a la vez, por esa misma importancia me parece tan bonito poder hablarlo, tomando la delantera…

Un error que creo que cometemos como padres es identificar “hablar de sexo” o “hablar de sexualidad” con hablar de las relaciones sexuales, genitales, que se dan entre las personas cuando ya son adultas. Creo que es un error porque, en el fondo, transmitimos ya desde muy pronto la idea de que el sexo se restringe a eso… ¡Y es mucho más! Además, si lo restringimos a eso, obviamente, hay que esperar a la adolescencia o la juventud para hablar de determinadas cosas para que ellos te entiendan y se pueda hablar con claridad. La sexualidad forma parte del ser humano desde el principio de nuestra vida. Somos seres sexuados y hay tantos conceptos que entran en juego: cuerpo, afectividad, genitalidad, género, comunicación…

Cuando son pequeños, ¿besamos y abrazamos a nuestros hijos? ¿Les decimos lo que nos gustan sus abrazos y sus besos? ¿Ven cómo sus padres se hablan, se miran, se abrazan, se acarician, se besan? ¿O se lo escondemos? ¿Y qué les decimos de su cuerpo? ¿Les explicamos, cuando toca, la diferencia entre niños y niñas? ¿Llamamos a las cosas por su nombre? ¿Ven a su padre o a su madre desnudos alguna vez o les privamos de ello? ¿Se lleva el tema con naturalidad o desde el comienzo se detecta cierta “incomodidad”? ¿Nos asustamos y nos escandalizamos por su experimentación y propio conocimiento? ¿Les enseñamos a ser cuidadosos, cariñosos, a respetar la intimidad, a hablar con cariño, a relacionarse con normalidad con personas del otro sexo?

Luego se van haciendo mayores y llegan a esos 8-9-10 años donde, al menos yo lo hago, les empiezo a contar qué se van a encontrar cuando se empiecen a asomar a la adolescencia. Yo a mis hijos les conté los cambios corporales que iban a sufrir, lo que iban a empezar a sentir, que empezarían a quitarle la razón a papá y a mamá en todo, que empezarían a mirar con otros ojos a chicas o chicos que, hasta ahora, eran simples amigos o amigas, que empezarían a tener opiniones, intereses más definidos, etc, etc, etc. Creo que es bueno que ellos no se encuentren de bruces con cambios desconocidos y turbadores. Creo que es mejor que se vayan encontrando con aspectos que alguien ya les ha contado. Y también en lo sexual. La llegada de la primera regla, qué es el ciclo menstrual, qué es la erección y por qué sucede, que sensaciones van a ir apareciendo, el crecimiento de los órganos genitales, el pecho… Aquí cada uno tiene su estilo. Yo recuerdo que salí corriendo cuando mi madre me sentó en el sofá de casa para hablar de todo esto. Mi padre “ni estuvo ni se le esperaba”. Yo, con mis hijos, aposté por ir sacando conversaciones mientras estaba a solas con uno, con otro… No “preparo” el momento pero sí “aprovecho” el momento. Apuesto por la naturalidad y por incidir en lo maravilloso y precioso de cada etapa.

También creo que es de utilidad utilizar lo que sale en la tele, los vídeos musicales que ellos ven, los artistas que les gustan, las películas que vemos… para no dejar que los temas se pasen sin hablarlos. ¿Cómo va vestido esa artista? ¿Cómo se mueve? ¿Qué es eso de ser guapa y ser fea? ¿Puede alguien enamorarse de otra persona que no es su pareja? ¿Está bien engañar a un amigo, a un novio, a una esposa? Todo sale. ¡No hay que forzar nada! Pero sí estar dispuesto a sacar el tema y a hablar de ello.

Y ahora estamos en ese momento en el que ya me he sentado con el mayor y, como están estudiando ese tema en la escuela, hemos hablado de relaciones sexuales, de cómo se concibe un hijo, de lo precioso de esa unión hombre-mujer, y también, porque creo que hoy no se puede obviar, de homosexualidad. Esto es lo que me ha resultado más complicado. Defender la doctrina de la Iglesia, sin caer en términos de juicio, y que él lo entienda… un ejercicio complejo, al menos para mí. Es ahí cuando miro al cielo y le digo a Dios que yo intento hacerlo lo mejor posible y que donde yo no llego… que llegue Él. No podemos culpabilizarnos tampoco… los padres y las madres no nacemos sabios, no somos superhéroes y no lo tenemos todo claro tampoco.

No he esperando a que él me preguntara… porque eso supone un riesgo: que alguien se lo cuente antes que yo, y que lo haga sesgando, embruteciendo o minimizando el núcleo precioso de todo esto. ¿Y si mi hijo o mi hija no me lo preguntan nunca?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Top 10 Santi Casanova
  1. Más leido
    |
    Más popular
Ver más