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Hijo, necesito de tu misericordia

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Ayer no fue un buen día. Sabes de qué te hablo, seguro. Esos días, esas tardes, que, de repente, se ven envueltas en negrura e, instintivamente, el corazón se te achica y todo lo que uno piensa que hace bien, en cuestión de minutos, pasa al saco grande de las dudas. Como padre, esto me sucede a veces. No demasiado, sino no podría vivir, pero sí a veces. Ayer fue uno de esos momentos. Un problemilla de mi hijo mayor que puso patas arriba todo. Empecé a preguntarme si lo hacía bien, si era un buen padre, si daba lo que mis hijos necesitaban, si era capaz de tratar a cada uno como se merecía, si … si… si…

Hoy, más tranquilo, la luz va volviendo poco a poco y estoy aprovechando el día para pensar sobre mi labor de padre, de padre de estos tres tesoros que se me han regalado, que me han puesto en las manos. Porque eso es lo primero de lo que, como padres y madres que somos, debemos concienciarnos: los hijos HAN SIDO PUESTOS en nuestras manos, nos han sido prestados.

¿Cuál es nuestra misión? ¿Qué se nos pide? Yo lo resumiría en cuatro palabras:

  • AMAR. No nos olvidemos. Esa es nuestra principal tarea y lo que nuestros hijos más necesitan y más agradecen. Quererlos. Apasionadamente. Querer lo que cada uno es, sin condiciones, para siempre.
  • CUIDAR. Sobre todo los primeros años de vida necesitan de muchos cuidados. Tenemos que alimentarlos, vestirlos, darles cobijo, conseguir que crezcan saludables y, conforme pasa el tiempo, hacer que se sientan protegidos, que sepan que su casa es un lugar donde cualquier herida puede ser curada.
  • EDUCAR. Enseñarles a volar. Proveerlos de herramientas y capacidades para que ellos puedan ser autónomos, se sepan manejar en la gran selva que es el mundo. Enseñarles lo que está bien y lo que está mal, ayudarles a comprender las claves de la sociedad que les ha tocado vivir, mostrarles cómo relacionarse con los demás…
  • ACOMPAÑAR. Una vez la mochila está llena, con amor, con cuidados y con educación… sólo queda acompañar. Ellos deben salir y caminar y nosotros debemos dejarles. ¿Significa eso separarse? ¿Significa eso que ellos ya no nos necesitan? De ninguna manera. La casa siempre está abierta, los brazos siempre abiertos, la caricia siempre a punto, el hombro siempre dispuesto… cerquita, siempre cerquita.

Tal vez, para lo que no estamos preparados es para asumir que no vamos a sacar un 10 en estas cuatro grandes pruebas. No somos perfectos. Tenemos nuestras miserias, nuestras deficiencias, nuestros enredos, nuestras batallas… Yo, ayer, en medio de la oscuridad, lo que más necesitaba era que me hijo me abrazara, me aceptara a mí tal cual, acogiera mis miserias como padre… Lo necesitaba, lo necesito.

En este mes de mayo me encomiendo a María Y os pongo delante a todos los padres y madres que, como yo, quieren apasionadamente a sus hijos… con errores y miserias incluidos. Que María, modelo de madre disponible, amorosa, sufriente.. nos enseñe a aceptar lo que se escapa de nuestras manos y nos consuele cuando el dolor y la pena no nos dejen caminar.

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