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Heroica alegría

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Conozco mucha gente buena, creyentes y no creyentes. Conozco mucha gente por la que el mundo todavía tiene sentido, por la que vale la pena creer que esto todavía tiene remedio, por la que la esperanza sigue firme, en lo alto. Son personas, hombres y mujeres, como tú y como yo, con sus trabajos, sus familias, sus desvelos, sus sueños frustrados, sus heridas, sus manías, sus fortalezas y sus debilidades… No son superheroes pero sí son héroes de lo cotidiano.

Todas esas personas son únicas e irrepetibles. Cada una tiene sus dones, propios e insustituibles, y cada una juega un papel distinto en la historia de la humanidad. Cada una tiene su batalla, su lucha, su misión. Pero hay algo que es común a todas ellas, algo que aparece como una constante en su ser, algo que llama la atención, que cautiva, que arrastra, que convierte: la alegría.

Estos héroes del día a día que yo conozco son personas que, estén donde estén, hagan lo que hagan, están alegres. No es una alegría maquillada, ni una obra de ingeniería emocional, no… Es una alegría suave, que se percibe desde que les miras a los ojos, sin más. Es un perfume que envuelve todo su ser. A veces se percibe a través de sus sonrisas, de su buen humor, y otras, simplemente, a través de la esperanza que brota de sus palabras llenas de ánimo y agradecimiento. Son personas que no se quejan, que afrontan sus problemas con valentía y que sanan su dolor con amor. Son personas que miran distinto.

Muchos, que te abruman con sus problemas, sus dolores, sus desgracias y sus devastadores cotilleos, no lo entienden. Se piensan que estas personas no tienen preocupaciones ni problemas o que la vida es mucho más fácil para ellos. No entienden nada. No es lo de fuera lo que cambia sino la mirada de un corazón que palpita distinto al suyo. Mis héroes y mis heroínas se alimentan de bondad, de cariño, de sensible poesía. Aman, aman, aman… aun cuando las fuerzas flaquean.

¿Es la alegría motor o fruto? ¿Es la alegría la que nos permite ser así o es fruto de serlo? ¿De quién es el mérito? ¿A quién dar las gracias? Me parece que es un misterio donde todo se entrelaza y donde también, si me lo permiten, entra en juego la sabiduría: la sabiduría de poner a salvo esa alegría, de no dejar que te la ahoguen, de rodearte de otros héroes y heroínas de lo cotidiano, que te alimentan, te sustentan, te regalan vidas, como en los vídeojuegos.

No hay mayor rebelión hoy, mayor signo profético, mayor resistencia que permanecer alegres y, desde ahí, bien adentro, irlo tiñendo todo de un vivaz amarillo que lo cambie todo. No hay camino más certero para traer a Dios al mundo y para llevar el mundo a Dios. Yo me apunto. ¿Y tú?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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