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El valor de hacer lo que debo… aunque no me apetezca

Vacation time
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Nunca me ha gustado ir a misa en verano. ¿Por qué? Porque en el lugar donde estoy de vacaciones normalmente, hace muchísimo calor, no se percibe ambiente de comunidad en la iglesia y el cura que suele presidir no ayuda a vivir la Eucaristía en esas condiciones. Recuerdo que, desde pequeño, en verano, ir a misa es una obligación que vivo con dificultad.

Esto de vivir las cosas con obligación, también con respecto a la fe, es algo bastante denostado hoy en día. Es como si todo tuviera que tener un aura de motivación tal que, si no la tiene, lo pudiéramos desechar sin mayor remordimiento. Los alumnos tienen que tener siempre una clase motivadora en el cole, los hijos algún premio por realizar sus tareas en casa, el matrimonio debe vivir en un continuo ambiente de romanticismo y, con Dios, debe existir también como una profunda y maravillosa convicción y gusto por cada acto de fe que profesamos. No sé si soy yo muy raro al afirmar que la vida no es tan bonita ni todo es tan rosa normalmente.

Hay cosas que debemos hacer independientemente de la motivación que tengamos en cada momento. Yo no puedo cuidar a mis hijos sólo cuando me sienta motivado, ni puedo ser fiel a mi mujer sólo cuando la relación esté en el pico del amor más arrebatador. No puedo ir a misa sólo cuando el cura me guste o cuando la iglesia me parezca bonita, ni puedo trabajar sólo cuando la tarea que me encomienden sea de mi agrado. Existen las obligaciones y no sólo en el ámbito laboral sino también en el personal o en el espiritual.

Que algo tenga que hacerse por deber no le quita un ápice de su valor. No todo brota de dentro. Y aun así es valioso. Por seguir con el ejemplo de la Eucaristía veraniega, yo estoy seguro de que Dios valora más mi esfuerzo en verano por no dejar de ir a celebrar con la comunidad alrededor de su Mesa, que mi emoción cuando celebro rodeado de jóvenes, con escolapios, llevado por los cantos que me gustan y por ofrendas que me agradan. No se trata de fustigarse o de que a Dios le encanten los sacrificios y el esfuerzo meritorio sino, simplemente, se trata de construir un amor sobre roca. El amor hay que construirlo, así como el carácter, y no puede depender de las idas y venidas de mis apetencias momentáneas. Eso se lo lleva el viento. Si fuera así, cualquiera día hubiera abandonado mis estudios, a mi mujer, a Dios… porque ha habido momentos que me apetecían cosas bien distintas que aquellas con las que había comprometido mi vida.

Gracias a mantenerme fiel en lo pequeño, creo que mi carácter y mi corazón se han hecho más grandes, más generosos, más fuertes, mas sabios. Repetir y elegir lo que me hace mejor, una y otra vez, acaba haciéndome mejor sin duda.

Cada día llevo mejor mis obligaciones. Incluso llegan a apetecerme…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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