Aleteia

El demonio y su tentación más sutil

Comparte
Es verdad. Hay que estar despiertos y atentos porque la tentación llega y porque, normalmente, es astuta. Si tuviera que definir la acción del mal sobre nosotros, diría que el mal busca, simplemente, que no seamos felices, que no seamos nosotros, que no respondamos al sueño de plenitud que Dios nos ha preparado. ¿Cómo conseguirlo? Evidentemente, no de frente porque sería demasiado obvio. La tentación siempre es sutil y viene por rincones, por sombras desconocidas, por anhelos apagados, por convicciones confusas…

Ahora bien, creo que vale la pena decir otra cosa. Se nos ha regalado la vida para disfrutarla, para aprovecharla, para sacarle jugo… Por decirlo de una manera coloquial, la vida “hay que jugarla”. Y este “jugar” puede ser afrontado de muchas maneras. Yo sólo sé “jugar al ataque”. ¿Qué significa esto para mí? Dedicar más energías, físicas y espirituales, a buscar a Dios que a protegerme del mal; dedicar más energías a disfrutar del bien que a ponerme a la defensiva; dedicar menos tiempo a ver al demonio en todas partes y más a descubrir a Dios en las pequeñas cosas de cada día.

Esto parece muy obvio pero no lo es. No hay más que leer internet, pasearse por los portales católicos, leer algunas noticias y escuchar a algunas personas… y darse cuenta de que no todos estamos en lo mismo. Hay personas que ven a Satán en cada esquina, desde que se levantan hasta que se acuestan. Curiosamente, además, siempre lo ven en los demás, en el mundo impuro y sacrílego que vive ahí afuera… Un concepto terrible de un cristianismo que parece que hubiera que vivir en un castillo, rodeado con foso, de altas murallas y torres defensivas. Que si el reiki, que si el yoga, que si una fiesta que hubo en no sé dónde, que si tal cantante, que si tal práctica, que si cuidado con la amiga que te hace ojitos, que si las mandalas, que si el Halloween, que si… ¡Madre mía! ¡Cuánto poder le concedemos a Satán! ¡Y cuánto tiempo! ¡Y cuánto protagonismo!

Lo siento. Prefiero vivir con otros ojos, más inocentes, más chispeantes, más enamorados, más confiados y, no por eso, más ingenuos o imprudentes. Yo prefiero ver a Dios, en los niños, en el cariño de los que me rodean, sin miedo a caer, sin la losa de la posibilidad de fallo, sin el peso amargo de no saber disfrutar el mayor regalo que nos hizo el Padre. Y no pienso renegar a ello. Escapar de Satán está muy bien siempre que no sacrifiquemos a Dios por el medio.

A veces la tentación más sutil es la de regalarle al Mal la pelota, como solemos decir en términos futbolísticos, dejarle los titulares de lo mejor de nuestro día a día y de nuestra fe. Yo no estoy dispuesto.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Top 10 Santi Casanova
  1. Más leido
    |
    Más popular
Ver más