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El amor en una familia monoparental

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En mi entrada anterior hablé de la familia, del matrimonio y de los hijos y de algunas ideas que la experiencia de 15 años de matrimonio me había dado. Tuve muchos mensajes de vuelta dándome las gracias por la entrada y expresando el gusto que se había sentido al leerlo. Otros se mostraban de acuerdo con lo expresado y muchos estaban felices de comprobar que esas ideas que yo aportaba, ya las estaban poniendo en práctica.

Pero hubo un comentario que criticó duramente una frase de mi entrada. Era un comentario de mi mejor amiga. Lo transcribo directamente: «La columna vertebral de una familia es el matrimonio, la pareja de cónyuges»…. Querido Santi, sabiendo todo lo que te aprecio y quiero, creo que, aunque dicha afirmación tiene sentido en el contexto en el cual la has utilizado, te has aventurado a afirmar algo que, a priori y para todas esas familias monoparentales, entre las que yo me encuentro, nos puede resultar un poco agraviante… Haciendo tu afirmación en contra sensu, llegaríamos a la conclusión de que, en aquellas situaciones familiares que no están amparadas por una pareja, la familia no tiene estructura ósea que la sustente, o peor aún, al no haber pareja de cónyuges esa familia ya está abocada al fracaso. Pues no… La columna vertebral de una familia, querido Santi, es el amor, esté representado de la forma que sea… No te quito razón de que, en una familia formada por cónyuges, el amor sea el conyugal… pero tú, querido amigo, no me conviertas en invertebrada mi querida y sólida familia formada por mi hija y por mi… Por todo lo demás, verídicas y certeras tus afirmaciones y consejos, que por cierto, si yo las hubiera llevado a la práctica, quizá ahora podría ser una de esas familias de las tú hablas…Te quiero”. Certero comentario que me ha hecho pensar mucho.

Desde aquí te respondo, amiga.

¿Es tu “familia” monoparental, familia? Sin duda. Tú hija y tú, sí, formáis una familia.
¿Está tu familia abocada al fracaso por estar vosotras dos solas? No. Primero, no estáis solas, porque os tenéis la una a la otra, una familia que os quiere, muchos amigos que os quieren y un Dios que os quiere también. Me consta. Y con esa entrega con la que te desvives cada día, el fracaso no tiene lugar en tu hogar.
¿Es el amor la columna vertebral de una familia? Estamos de acuerdo.
¿Da igual la forma en que este amor se dé? Este es el punto donde podemos tomarnos un café y hablar largo y tendido. Yo no lo comparto. No toda relación de amor convierte la relación en familia. Pero eso es otro tema.

Lo que quiero es agradecerte tu sinceridad, tu tino, tu prudencia, tu educación y tu testimonio. Es de gran ayuda tener personas al lado que te cuestionan, te corrigen, te confrontan y, además, te quieren. Es de agradecer que esto se dé sin compartir mucha vida de fe y de Iglesia. Es un honor para mí que la luz me llegue de fuera y que esa luz sirva para recordarme que más allá de mi Iglesia, de mis modelos y de mis valores… el Señor también se hace presente.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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