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Dudas como cristiano ante la política internacional

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Como cristiano me resulta muy difícil afrontar determinadas situaciones de la política internacional. Lo reconozco. Admiro a aquellos que lo tienen claro y que enseguida tienen argumentos para situarse en una posición. Mi argumento principal debería ser, por supuesto, Jesús de Nazaret, pero, a veces, me digo que todo esto es más complicado. Es más, Jesús siempre evitó inmiscuirse en asuntos políticos de primer orden y eligió cambiar el mundo por otras vías, no tan evidentes, de corazón a corazón, y proponiendo a cada persona un auténtico camino de salvación. Nada de partidos, ni presidencias, ni de geopolítica… aunque, por otra parte, sí un firme posicionamiento a favor del pobre, del excluido, del enfermo, de todo aquel a quién se le había arrebatado la dignidad de hijo de Dios.

Veo la guerra de Siria y me pregunto cómo es posible que en los tableros internacionales sigamos jugando partidas tan interesadas y rastreras. Nadie quiere que se termine. Nadie excepto los millones de sirios que, sencillamente, quieren volver a tener una vida digna, alejada de bombas, ruinas y muertos. Veo los últimos movimientos, los últimos bombardeos, la nueva tragedia de la ciudad de Duma, las posturas de unos y otros… y no acabo de conseguir fijar una posición. Leo a la gente pedir por la paz, pedir que se actúe frente a la barbarie, pedir que los gobernantes reaccionen… y siento que es fácil hablar. A veces incluso ingenuo. Yo siento que la información que recibo es interesada, que en el fondo no tenemos ni idea de lo que se cuece ni de cuáles son los intereses de rusos, iraníes, americanos, europeos, turcos… Y me cuesta pronunciarme.

No me siento bien en este tipo de situaciones. Claro que como cristiano defiendo la paz y el amor. La pregunta es ¿cuál es el siguiente paso? ¿Cuál es el mejor movimiento para conseguirla?

Cada día que pasa me convenzo más de que el mal se sirve de las macroestructuras, de los macrosistemas, de las macropolíticas, de la macroeconomía. El bien, en cambio, se mueve en el entorno de los microencuentros, los microsistemas, los microgestos, los micromovimientos, los microabrazos. Tengo la sensación, y muchas dudas al respecto, de que el mal va por delante en la batalla de los medios y del control de los grandes movimientos. Y, a la vez, el bien planta batalla en cada casa, en cada familia, en cada barrio, en cada escuela, en cada iglesia, en cada oficina, en cada ong, en cada pequeño corazón bueno. ¿Estamos en franca desventaja? No lo creo.

Dios nunca abandona a su pueblo. Lo creo firmemente. Y la luz y la verdad y el bien ya han salido vencedores en la historia. En un monte perdido, en una cruz cualquiera, como un malhechor más… Jesucristo ganaba la batalla definitiva, en plena arena imperial. Y la luz entró a borbotones allí donde olía a muerto.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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