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Dios no soluciona los problemas

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Es urgente enseñar a nuestros hijos, alumnos, niños y niñas de catequesis… a no manipular a Dios. La imagen de un Dios “arreglalotodo” es una de las peores herencias de fe que podemos dejarles. De las peores y de las más débiles imágenes de un Dios que no existe y al que, por tanto, mucha gente da la espalda cuando comprueba que no le soluciona la vida.

Estos pasados días comprobé cómo los niños y los jóvenes tienen asumido que la esperanza es esa cualidad por la que uno espera que no le suceda nada malo, por la que uno espera que el Señor actúe para que las cosas no se tuerzan, las gente no se muera, la enfermedad no llegue, el examen se apruebe, la amistad no desaparezca, etc., etc., etc. Y una y otra vez yo tuve que explicar que no, que la esperanza no es eso.

Dios no hace magia ni nos soluciona los problemas. Hoy mismo mi hijo puso patas arriba un bienintencionado comentario de mi madre sobre la Virgen del Carmen. “- La Virgen del Carmen protege a los marineros y les auxilia para que no les pase nada” – dijo mi madre. Mi hijo respondió al instante: “- Pues a muchos no les ayudó porque han muerto en el mar”. Se lo dejó, lo que se suele decir, a huevo. Efectivamente. Cuidado con estos argumentos y estas afirmaciones que nos llevan a un callejón sin salida.

Dios no hace magia ni nos soluciona los problemas. La esperanza consiste en esperar la luz cuando todo se ha llenado de oscuridad, consiste en saber que Dios está y que camina junto a nosotros aún cuando no vemos hacia dónde ni conocemos las razones. Dios no evita batallas sino que lucha a nuestro lado. Dios no evita sufrimientos ni dolores, ¡ni los manda! Eso forma parte de la vida, la existencia, el mundo, la naturaleza… Jesús no se bajó de la cruz porque no quiso y porque no podía hacerlo.

Hay que enseñar a los que vienen detrás a que la mejor oración es hacer a Dios presente en nuestra vida, hablarle como a un padre, como un amigo, contarle cómo estamos y lo que nos pasa, decirle lo que no entendemos y terminar poniendo nuestra vida y nuestra existencia en sus manos, que no quiere decir pedirle obrar el milagro sino más bien tener fe en que Él nos ama y su promesa es eterna.

Dios es el Dios fiel que nos ama, no el Dios de las emergencias que nos repara los platos rotos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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