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Cuaresma: los preliminares de un amor apasionado

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De todos es sabido la importancia de los “preliminares” en cualquier encuentro sexual. Podría decirse que son los que marcan el tono del encuentro más íntimo entre dos personas. Esos momentos previos, que nos van acercando al clímax, predisponen nuestro cuerpo y nuestra mente y los preparan para el momento central de todo encuentro sexual. Las caricias, los susurros, las miradas, los besos… son una especie de declaración de principios importante que da a entender de que hay mucho más en juego que lo que aparentemente podría parecer mera biología.

La Cuaresma es, en parte, este conjunto de preliminares que nos deben preparar para un encuentro amoroso de primer orden. Es un tiempo también de caricia, de susurro, de miradas… en definitiva, un tiempo de encuentro con el amado y con uno mismo. Porque es lo que tiene el amor: nos lleva hacia afuera y, a la vez, nos hace viajar hacia adentro.

Es difícil afrontar la sobreabundancia del amor de Dios así sin más. La Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo, el amor por nosotros llevado al extremo, se hace de difícil digestión para cualquier corazón adormecido, despistado, ensordecido o anestesiado. Estamos tan acostumbrados a las pequeñas migajas amorosas, que cuando nos llega un vendaval como éste… o nos preparamos o arrasa con lo que se encuentre. Por eso es importante este tiempo que comienza.

No somos coetáneos del Señor. Vivimos en un tiempo distinto y en lugares diferentes. Somos hombres y mujeres, de carne y hueso que, con sus problemas, preocupaciones, alegrías y distracciones; con sus fracasos y sus aciertos, deben convertir el corazón, darle la vuelta, para que sea capaz de acoger lo que está por venir. Demasiadas veces ponemos el acento en todo lo que “hay que hacer” en Cuaresma, identificando conversión con acciones en las que somos protagonistas. Demasiadas veces también el acento en la prohibición, en unos medios que, con suerte, vivimos más desde la tradición que desde una profunda fe. ¿Y si cambiáramos un poco el paso? ¿Y si la Cuaresma va más de dejarse hacer, de dejarle hacer? ¿Y si fuera esa la verdadera conversión? Asumir y acoger el hecho de que es Dios quién nos ama primero, de que lo hace con todas sus fuerzas, de que nos lo perdona todo y nos anima a caminar de nuevo erguidos y felices, de que Él ya murió en la Cruz y que nuestra tarea ahora es vivir el Evangelio aquí y hoy.

Bienvenida Cuaresma. Llega la hora del encuentro. Llega la hora de la pasión. Y yo quiero ponerme a tono. Adelante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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