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Cuando las notas del cole son mediocres

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La tarde de hoy ha presenciado una discusión con mi hijo mayor. Y todo por su nota en el examen de evaluación de música. Aprobado pero muy justito. Muy al revés que las pruebas musicales con instrumento, en las que ha brillado al máximo. ¿Por qué entonces la discusión? El chaval ha aprobado, ha sacado valoraciones insuperables en algunas pruebas… sólo algo bajo en la prueba escrita… Pues por contentarse con la mediocridad.

Mi hijo tiene desde pequeño un don para la música. Ha ido a la escuela de música desde que tenía cuatro años. Luego al conservatorio superior. Toca la flauta travesera. Compone sus propias melodías. Saca las notas con facilidad de cualquier canción. Un don, vamos. Un don que, lo lógico, a poco que se esforzara un poquito en el estudio, debería traducirse en un sobresaliente al final de cualquier evaluación. Pero mi hijo ha decidido que no es necesario esforzarse tanto y que le vale con esa nota justita en el examen escrito y que él ya brilla con el instrumento. Una pena.

Él me ha puesto varias excusas. Porque no son razones, son excusas. Y yo le he pedido que se siente a escribir. Que escriba lo que él ve, lo que siente, lo que quiere, lo que elige, su planteamiento y sus consecuencias… Espero que escribir le ayude a afrontar su decisión de contentarse con la mediocridad.

No es fácil el tema de los estudios para mí. Con tres hijos, he descubierto hace tiempo que cada uno es distinto y que cada uno debe ser acompañado de diferente manera. He descubierto que no es sencillo establecer cuándo apretar y exigir y cuando confiar y dejar que ellos se organicen y tomen sus decisiones. No es fácil ayudar a madurar sin caer en excesivo control ni en excesiva permisividad. Equilibrio complejo.

Pero sí tengo claro que tengo que ayudarles a aspirar a lo más alto según los dones recibidos. Eso es lo que espera el Señor de cada uno de ellos. Eso no es aspirar a una insana perfección ni a una obsesiva manera de afrontar sus tareas. Es simplemente conocerse y dar aquello de lo que es capaz. Cuando no se puede dar más, no se puede. Nadie lo pide. Cuando se da todo y los resultados no llegan, hay que perseverar y confiar. Pero cuando se da lo justito… uno acaba acostumbrándose a la tibieza y acaba adecuando la vida a esa medida tramposa y rácana.

Debo reposar y discernir cómo ayudar mejor a afrontar esta situación. Para ayudarle. Para animarle. Para ayudarle a discernir él también en una edad nada sencilla. Espero que el Señor me ilumine y que los caminos elegidos sean los más propicios. Al fin y al cabo, ¿no es Él el que conoce mejor a cada uno de sus hijos?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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