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Conversaciones en familia

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No soy de los que tienen grandes conversaciones con sus hijos. Creo que los temas es mejor afrontarlos de uno en uno, con el tiempo justo, sin crear ambientes de excepcionalidad y cuando surge la ocasión. Pero de vez en cuando sí que pido reunión familiar para afrontar todos juntos algo que merece la pena que compartamos en familia. El otro día, por la mañana, fue una de estas ocasiones. Yo acababa de leer un libro sobre la adolescencia y las redes sociales, la hiperconectividad y la felicidad, y quise compartir con mis tres hijos algunas recomendaciones que el autor daba para los adolescentes que comenzaban con su presencia digital.

El rato fue muy bonito. Es un tema que les interesa. El mayor ya tiene su cuenta de Instagram y su móvil. La mediana está empezando a acercarse a Instagram con una cuenta familiar que gestiona con nosotros y desde dispositivos familiares. El pequeño todavía está lejos pero como ve a sus hermanos, sabe de qué va la cosa. Así que tuvimos como treinta minutos preciosos de compartir en el que pude leerles once consejos y comentar con ellos cada uno.

Cuando miro atrás, me doy cuenta de que estas conversaciones son absolutamente necesarias. Y es mejor hacerlas juntas que por separado. Unos iluminan la experiencia de los demás. También hay conatos de discusión, de señalarse con el dedo, de «acusarse» de cositas… pero vale la pena. Primero, se transmite de manera indirecta, pero muy directa, el mensaje de que somos una familia y de que hay temas importantes que nos afectan a todos. Segundo, se muestra cómo hay que dedicar tiempos específicos a pararse y a hablar. El día a día está tan lleno de cosas y va tan deprisa que, sin darte cuenta, se te va entre las manos y puedes pasar semanas postergando una conversación importante con ellos. Y tercero, se fomenta la comunicación entre padres e hijos y entre hermanos. Asumo que los padres no siempre sabemos todo y, como es natural en la adolescencia, no siempre somos los primeros destinatarios de los asuntos de nuestros hijos. Pero el canal está abierto.

Abusar no. Cansaría. Produciría rechazo. ¿Sistematizar? ¿Todos los viernes a tal hora? Podría ser pero creo que también podría generar efectos contrarios y llevarnos a dinámicas de rutina y cumplimiento. Yo lo prefiero así, de vez en cuando y sólo cuando valga la pena de verdad.

Un abrazo fraterno
www.santicasanova.com

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