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Cómo afrontar mis vacaciones sin olvidarme de Dios

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Es fácil pensar que Dios también coge vacaciones en la misma época en que nosotros comenzamos a hacer las maletas para disfrutar de un tiempo de descanso, tras un año agotador y exigente de trabajo. Es fácil no sólo pensarlo sino vivir en verano de espaldas a Él. Es como si las vacaciones fueran un tiempo para NOSOTROS, sólo para NOSOTROS, para MÍ. Me lo merezco, nos lo merecemos. Y todo vale si se trata de desconectar.

Este planteamiento, vivo en muchas personas que conozco, denota ya de por sí una vivencia curiosa de la fe durante el resto del año. Parece que con las vacaciones “una obligación” dejar de pesar sobre nuestras espaldas. ¿Acaso rezar era una obligación? ¿O participar en la Eucaristía dominical? ¿O compartir algún rato con los demás? Casi debería ser al revés: con el tiempo que tendremos a partir de ahora, con el cuerpo descansado y mi mente relajada… cuánto mejor podría dedicar ese ratito a Dios que tanto me cuesta a lo largo del año.

Yo este año voy a proponerme tres objetivos espirituales:

  • El primero va a ser rezar la liturgia de las horas por la mañana, unirme al resto de la Iglesia en el rezo de laudes y procurar hacerlo temprano. Es algo que no consigo hacer en los meses de trabajo y quiero ser disfrutar de ese ratito en compañía.
  • El segundo va a ser realizar actividad física por la mañana. Irme a caminar todas las mañanas, según haya salido el sol, antes de que apriete el calor. Disfrutar del aire, del mar, conectar con mi cuerpo, ejercitarlo y ponerlo a punto, bajar peso y reconocer a Dios en mi cuidado personal integral, en mi esfuerzo, en mi corporalidad.
  • Y el tercero va a ser jugar más con mis hijos y dedicar mucho menos tiempo al ordenador y al teléfono. Desconectar para reconectar. Apagar para dedicar atención y tiempo a aquellos con los que tan justito voy mientras trabajo. En este encuentro, dar gracias a Dios por sus vidas, descubrir sus dones, hablarles del Bien, ser buena noticia para ellos y ayudarles a destapar la luz que llevan dentro.

Me da miedo plantearme objetivos porque luego me cuesta mucho cumplirlos. Y no me hace gracia faltar. Pero lo voy a hacer. Quiero hacerlo. Quiero disfrutarlo y saborearlo. Otras cosas, como la Eucaristía, ya están ahí siempre y en verano no faltamos nunca la familia. Aunque se me hace difícil, con el calor. Pero sé que el Señor ve con buenos ojos también esos pequeños esfuerzos por su causa.

Tenemos un tiempo idóneo por delante para cultivar nuestro interior y encontrarnos con el Señor. No lo dejemos pasar. Sus frutos los necesitaremos luego, para emprender, un año más, la misión que tenemos encomendada.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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