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Come, reza, ama

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He vuelto de una experiencia con 47 jóvenes de 16 y 17 años. Una semana muy intensa y emocionante de la que he salido pleno de esperanza. Ahí están los jóvenes. Preparados y con ganas. Jóvenes que dudan pero que buscan, jóvenes que se encuentran con Dios en sus alegrías, en las personas, en la amistad noble, en las dificultades (algunas muy duras) de su vida en las que se sienten acompañados…

La experiencia fue guiada por la película «Come, reza, ama» de Julia Roberts. Una película americana sin grandes pretensiones pero que nos ha servido para trazar un camino muy interesante ante la historia personal de cada uno. Liz, la protagonista, es una mujer absolutamente perdida, dependiente de los demás, necesitada siempre de una pareja al lado; una mujer que se descubre sin sed, sin pasión por la vida… y que decide emprender un viaje.

Todos necesitamos salir en algún momento de nuestro mundo conocido. A veces no se requiere una salida física de un lugar pero sí soltar amarras, abandonar seguridades, conocer otras personas, buscar otros espacios… abandonar para buscar. Y en ese viaje uno descubre un proceso interesante: comer, rezar y amar.

El «COME» se desarrolla en Roma. ¡Qué importante aprender a cuidarse, a darse valor a uno mismo, a quererse! Cuando uno se encuentra en ruinas, la única posibilidad es descubrir la belleza de la posible reconstrucción. Y el cuerpo es una herramienta privilegiada para ello. Lo corporal, tantas veces denostado, tantas veces reprimido, nos cura, nos sana. Desarrollar la vista, la capacidad de admiración ante lo bello, el gusto para saborear todo lo bueno que se nos regala, el tacto para reconocer la caricia amiga… Poner en práctica el «dolce far niente» (el placer de no hacer nada), algo radical y rebelde dentro de la fiebre activista actual… En definitiva, recuperarse a uno mismo como primer paso para llegar a Dios y a los demás.

El «REZA» se desarrolla en Indonesia. ¿Qué pinta Dios en mi vida? ¿Soy capaz de mirar hacia adentro? ¿Hago silencio en mi vida? Difícil la tarea de viajar hacia adentro. Se requiere constancia y determinación para controlar pensamientos, para abandonarse, para entablar el diálogo con Dios, para escuchar… Y aquí aparece el perdón, ese saberse perdonado que uno debe aceptar. ¡Cuántas veces no somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos! Recibir el perdón de Dios es la única manera de cicatrizar las heridas que a veces no somos capaces de cerrar por nosotros mismos. Y descubrirnos sus hijos, y recibir su amor incondicional… Dios vive en nosotros y no espera que seamos diferentes a lo que somos.

El «AMA» es el último tramo de este camino. Porque quien ha aprendido a quererse a sí mismo y quién a descubierto a Dios en su vida, con todo lo que Dios le ha regalado, no permanece estéril, da fruto. El TUTTI, el todos, el otro, aparece en el horizonte vital. Uno descubre que está hecho para amar, para salir de sí mismo, para atender al prójimo, para descentrarse y buscar no sólo para qué existe sino también para quién. Amar es estar dispuesto a asumir riesgos, a andar sobre las aguas, a ir detrás del maestro sabiendo que no habrá reposo y que habrá persecución.

Como ves, no está nada mal todo lo que se puede sacar de la peli. Te animo a verla y a luego hacer una adaptación a tu vida. ¿Cómo llevas el COME? ¿Y el REZA? ¿Y el AMA? Tres patas esenciales para estar a bien contigo, con Dios y con los demás.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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