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Carta a unos amigos que se casan

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Queridos amigos:

¡Qué alegría más grande me produce vuestra decisión! Cuando una pareja decide conscientemente darse un SÍ para siempre, es un soplo de aire fresco para los que vamos por delante. Comprobar que otros han descubierto que es posible quererse, que es posible donarse, que es posible comprometerse y prometerse más allá de uno… da fuerza, y mucha.

Yo llevo ya casi 15 años casado y todavía estamos empezando, como quien dice. No sé qué os han contado, o qué os habéis imaginado, acerca del matrimonio. Lo primero que tengo que deciros es que no creo que sea el final de un camino, la meta de nada, sino más bien todo lo contrario: es un camino, un comienzo diario, un recrearse que dura para siempre. El amor lo hace todo nuevo y así debe ser. Y aunque suena muy romántico, la tarea es difícil; apasionante pero difícil.

Os animo a que afrontéis vuestro proyecto común sin garantías. Las carreras importantes se hacen sin seguro, sin red, a cuerpo descubierto. No os protejáis las espaldas sino más bien id a por todas el uno con el otro. Apostad desde el principio por la victoria: es la única manera de conseguirla. Luchad por los máximos y los alcanzaréis. Haced un acuerdo de mínimos… y el camino se os pondrá cuesta arriba. La jugada requiere la apuesta máxima, que es uno mismo. De lo que se trata es de darme por entero y recibir al otro por entero también. ¿Riesgos? Todos. ¿Daño? Es probable. ¿Heridas? Cuenta con ellas. Pero juntos, siempre juntos, y dispuestos a luchar juntos hasta el final.

En estos casi 15 años de matrimonio, no he tenido nunca la sensación de haberme equivocado, ni de haber pagado un precio demasiado alto. Ya descubriréis que las grietas en el barco hay que sellarlas pronto y no dejar que el agua comience a hundirlo. Lo que se usa, aunque sea con amor, se agrieta. No tengáis miedo de esto. No tengáis miedo de la otra cara del amor. Afrontad con valentía los problemas. Sacad a la luz lo que no funciona. Decíos lo que necesitáis el uno del otro. Confesad el daño causado. Y curaos el uno al otro, corazón a corazón. El camino es largo, todo, y hay que hacerlo acomodando los pasos el uno al otro y manteniendo la confianza viva y al cien por cien.

El matrimonio que pronto celebraréis debe ser el mejor lugar para vivir. En él se tomarán las decisiones más importantes del resto de vuestra vida juntos. En él deberéis encontrar la mejor versión de cada uno, perseguir sueños, descubrir vocaciones, responder a llamadas… En él se gestará vida y el futuro de la humanidad se jugará en cada beso, en cada abrazo, en cada paseo, en cada café compartido. Disfrutad juntos y divertíos. Haced que la vida juntos que estáis empezando a construir esté llena de sentido del humor, de contagiosa alegría, de serena preocupación cuando toque. Reíos mucho y cometed alguna locura de vez en cuando. Nos os convirtáis en personas serias y dejad que los niños que lleváis dentro jueguen y hagan travesuras con los niños que vendrán.

Mantened el deseo vivo y cuidad el atractivo siempre. La dejadez y la desgana son enemigos importantes. Cuidaos y no juguéis con vuestra salud. Besaos muchos, abrazaos mucho y haced mucho el amor. Vuestros hijos se merecerán padres que se quieran con locura, que se escapen a cenar como cuando eran novios y que les manden pronto a la cama para encerrarse ellos en su habitación. Trataos como piedras preciosas y decíos lo preciosos que sois el uno para el otro. Siempre. Sin excusas.

Y no os olvidéis de los demás. No hagáis de vuestra familia un búnker. No levantéis muros de insana intimidad. Abrid las puertas de vuestra casa, dejad que entren los que lo necesiten, los que quieran, los que puedan. Invitad, acoged, reunid… ¡Convertid el salón en una pequeña Betania de barrio! Sin miedo. Que el prójimo esté próximo. Que el buen samaritano viva en casa. Que la adúltera tampoco sea juzgada en vuestro hogar.

Y Dios… ¿Qué queréis que os diga? Sin Él la tarea se convierte en épica. Escuchadle. Compartid oración. Dejaos en sus manos. Buscad el Reino y confiad que lo demás se os dará por añadidura. La brisa del Espíritu siempre sopla y nuestro guardián nunca duerme.

No puedo deciros mucho más. Gracias. Y ¡sí! ¡Sí quiero! Hasta el final. Hasta la muerte y más allá.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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