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Carta a una joven que se va a confirmar

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Querida Ana:

No quiero faltar a mi palabra de padrino y aquí estoy, escribiéndote estas líneas, pocos días antes de que recibas el Sacramento de la Confirmación. La vida nos deja pocos tiempos hábiles para cuidarnos. ¡Esta es tal vez una de las tragedias de nuestro tiempo! Pero yo quiero cuidarte desde ya, desde antes de que nuestra relación sea, a partir del sábado, una relación mucho más estrecha. Que me hayas pedido ser tu padrino sé que significa mucho para ti, ¡y no te imaginas lo que significa para mí! Así que no, no quiero que se me pasen las oportunidades de buscar espacios en mi realidad para dedicártelos a ti.

Hace unos días te pedí que me escribieras contándome qué significaba para ti el paso que vas a dar. En tus palabras, uno saborea con gusto la importancia que tú le concedes a lo que va a suceder. Lo primero que te quiero decir es que me ha gustado mucho la fuerza que transmiten los verbos «afirmo» y «decido» que usaste. ¡Qué gusto encontrar a una chica como tú, que todavía no ha empezado la Universidad, con esa claridad! ¡Qué esperanza me regalas poniéndote como sujeto activo del seguimiento de Jesús! ¡Cómo haces crecer mi fe contándome que quieres seguir adelante, seguir al Señor sirviendo a los demás, a tus hermanos. ¡Ole, ole y ole! Y es que es verdad Ana, uno tiene que tomar decisiones en la vida, no sólo en el ámbito relacional, profesional, etc. sino también en el ámbito de la fe, de lo espiritual. Muchos olvidan que son más que ellos mismos, que están habitados por una presencia maravillosa que nos invita a vivir en plenitud y en felicidad. Tal vez tengan miedo de descubrir el universo que existe más acá de su epidermis, tal vez tengan miedo de tocar con los dedos aquello mismo que son, una mezcla de luz y oscuridad llamada a ser toda luz. ¡Adelante Ana! ¡Sin miedo! Quién sigue a Jesús nunca queda defraudado. ¿Desconcertada? Alguna vez lo estarás. ¿Perdida? También. ¿Cansada? Posiblemente. Pero nunca sola, nunca abandonada, nunca olvidada. Siempre habrá Alguien esperándote, recuerda. Siempre.

Pero hay una segunda parte que también me comentaste. Y es que aunque tú afirmas y decides, también recibes y acoges. No sólo eres sujeto activo en el seguimiento del Señor sino que eres sujeto pasivo en la construcción que el Espíritu va haciendo en ti. Lo que va a suceder en tu Confirmación es un Misterio. Nuestra fe se alimenta de misterios. Son muy sanos, y más en esta sociedad tecnocientífica nuestra que tanto ha renegado de ellos. Y es que tus sentidos, durante la celebración, van a ver, a oír, a sentir… una serie de palabras, de gestos, de símbolos… que van a hablar de algo mucho más grande que lo que propiamente son. El Espíritu vendrá sobre ti con más fuerza si cabe y te proporcionará, para siempre, los dones que te capacitarán para tus afirmaciones y tus decisiones. Sin el Espíritu, sin esa caricia cuando estés decaída, sin ese soplo de aire fresco cuando estés quemada, sin esa guía cuando estés perdida, sin esa mano que te ayude cuando estés cansada, sin ese beso tierno cuando te sientas sola… poco podrás. Porque tu voluntad, tu capacidad, tu entereza, tu fe… son pequeñitas, imperfectas, ligeras. Pero el Espíritu las hará más grandes, más perfectas, más consistentes. Yo he tardado en descubrir que importa menos lo que yo hago por el Señor que lo que Él hace conmigo. No somos tan protagonistas como creemos, ni para la bueno ni para lo malo. Él, Él, Él. Déjate querer. Déjate hacer.

Muchos de tus amigos, de tus conocidos, de tus familiares, no entenderán este paso que vas a dar. Vivimos tiempos revueltos también en nuestra Iglesia. Hay tanta decepción, tanto enfado, tanta desconfianza… ¿verdad? A veces comprendo la distancia que muchos toman. Humanamente entiendo sus críticas, sus reproches. Me hago preguntas y tengo mis dudas y mis reservas a algunas cosas que veo y oigo. Pero al final se trata de poner en el centro a Jesucristo, al mismo que fue crucificado y resucitado. Él es quién debe ser importarte. Y a Él debes transparentar con tu vida. Ojalá seas motivo para que otros se acerquen y no causa de alejamiento. Ojalá vean en ti su amor, su entrega, su confianza, su plena humanidad y su plena divinidad. Tu vida será tu mejor explicación. Y Jesús tu mejor modelo. Lee mucho el Evangelio y poco los chismes. Dedica tiempo a lo que vale la pena y a aquellos que más sufren, incluidos aquellos a los que la propia Iglesia ha causado dolor.

Me voy despidiendo. Ojalá vivas el Sacramento con gran intensidad. Yo así lo haré. Orgulloso de ti. Feliz contigo. Emocionado a tu lado. Agradecido por tu valentía. El Señor ha hecho y hace obras grandes contigo. Eres alguien tocada por su mano, portadora de una ternura y una dulzura que sólo pueden proceder de Él. Tu mirada limpia cambia aquello que miras. Tu corazón bueno alberga sueños, aunque a veces cueste descubrirlos o ponerles nombre. El cielo está todo ahí para ti. Ama, todo lo que puedas, a todos los que puedas. Sin miedo al fracaso, a los zarpazos. Amar siempre deja cicatrices. ¡Y qué bonitas son las cicatrices de los que, como Jesús, decidieron jugarse la vida en lugar de verla pasar!

Te quiero mucho Ana. Nos vemos en la iglesia.

Tu padrino

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