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Carta a un hijo por su cumpleaños

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Querido hijo.

¡Felicidades! Un año más de vuelta a este día que está marcado en el calendario con luces y fuegos de artificio. Un día grabado a fuego en el corazón de tu madre, en el mío y, por supuesto, en el tuyo. El mundo gira, es verdad, ajeno a lo que este día significa en nuestra familia, de puertas hacia adentro. Y aún así, ¡qué bueno para todos que hoy celebremos que estés aquí, que hayas nacido, que sigas creciendo! El mundo es mejor contigo.

Cada vez que llega tu cumpleaños hago un viaje, ¿sabes? Es como si me metieran en una máquina del tiempo y me devolvieran a aquella sala de espera del hospital donde naciste. Y vuelvo a revivirlo todo de nuevo. Los nervios, la ilusión, las ganas de verte, la necesidad de volver a coger de la mano a tu madre… Recuerdo, con claridad, el cúmulo de sentimientos contrapuestos que golpeaban mi corazón en aquellos minutos de hermosa tensión. Por un lado, la necesidad de tenerte ya entre mis brazos; por otro lado, el miedo y la responsabilidad de hacerme cargo de ti, de ser tu padre para siempre. Y allí llegaste, llorando y gritando al mundo que te ibas a buscar tu espacio, que llegabas a una familia ya hecha pero que tú eras único, diferente.

El primer regalo que te hicimos tu madre y yo fue precisamente el amor con el que te concebimos. A veces las cosas no son fáciles en la vida matrimonial, ya lo sabes. A estas alturas de tu vida nos has visto reñir, discutir, entristecernos el uno por el otro… has visto desencuentros, has oído algún grito, algún portazo… Pero también has visto caricias y besos y risas, y has comprobado cómo mamá y yo tenemos un proyecto firme de familia, abierto a los demás, creyente y comprometido con el mundo. Has descubierto lo que es tener amigos y lo hermoso de una casa abierta, de un salón que acoge, de una mesa que siempre tiene un plato más y de habitaciones que se mueven lo que haga falta para dar lecho y cobijo a quien lo necesite. Eso estaba ya desde el principio. No sé si te fuimos buscando o no. Creo que los hijos no se van a buscar como si fueran tesoros escondidos. Creo que los hijos sois más bien premios, regalos que uno recibe sin pedirlo por el mero hecho de vivir amando a otro, a otra, y consumar ese amor hasta las últimas consecuencias. Has sido querido. Eres querido. Y lo seguirás siendo. Porque aquí no cobramos por amar ni exigimos contraprestaciones a cambio. A veces te quejas de lo que tú madre y yo te decimos y te pedimos. A veces no entiendes aquello por lo que te corregimos. Seguro, tenlo por seguro, que a veces nos equivocamos. Pero ten por seguro también que todo eso no pone nunca en cuestión ni un miligramo del amor que te tenemos, inamovible, inquebrantable, eterno.

Tú has traído a esta casa mucha vida, la tuya, diferente a la de cada uno de tus hermanos y a la de tus padres. Tú eres una voz propia en casa, eres un aroma peculiar, un camino que sólo tú puedes recorrer y en el que muchas veces estás acompañado por los demás. Tus padres nos sentimos muy queridos por ti. Tus abrazos, tus besos y tus risas nos llenan de vida y son el mejor calmante para la peor de nuestras ansiedades. ¡Cuántas veces no lo valoramos lo suficiente, cariño! ¡Cuántas veces el estrés, el cansancio, el agobio… nos hacen perder de vista la belleza de tu existencia! Siempre aprendiendo..

Celebra tu cumpleaños como se merece. Estar vivo hoy y mañana y pasado… es un regalo. Nuestro tiempo es limitado, y el tuyo también. Todavía, espero, te queda mucho por andar pero el final no es ni conocido ni previsible. La muerte es una compañera que siempre está ahí. Es parte de la vida. No te lo digo por asustarte ni por ser un aguafiestas en tu cumpleaños. ¡Justamente al revés! Tomar conciencia de que esto tiene un final, de que la vida es limitada y finita, de que no estaremos aquí para siempre, nos ayuda a celebrar lo que tú celebras hoy: la vida que tenemos, las personas con las que la compartimos. Celebra que existes y que eres una criatura maravillosa de Dios. Celebra que eres querido sin más y que con tus límites y tus capacidades eres magnífico. Quiérete hoy más que ayer y menos que mañana. Quien no sabe quererse, y acoger sus luces y sus sombras, difícilmente va a saber querer a los demás en su totalidad.

Y busca. No descanses. Sé valiente. Vete aquí y allá, oteando el horizonte, siempre peregrino, buscando la meta, tu lugar en el mundo, aquello que Dios sueña para ti, tu felicidad más profunda. No tengas miedo de probar, de abrir puertas, de cerrarlas, de dejar lo que no te satisface, de asumir riesgos, de vivir hoy aquí y mañana allá. No tengas miedo de hacer lo contrario de lo que te dicen, de ser una voz diferente, de denunciar aquello que está mal, de jugarte la vida por lo que vale la pena. Es mejor una vida perdida en pos de la verdad y la justicia, que una vida acomodada, sin arrugas ni heridas, crionizada o enlatada en conserva. Da lo que se te ha dado. No respondas a las expectativas de otro ni acomodes tu vida a un papel que te otorguen. Ni siquiera si ese otro somos tu madre o yo. Libre, siempre.

Me voy despidiendo, emocionado, alegre de poder escribirte esto, feliz y orgulloso de tenerte como hijo. Que el Señor te bendiga y que bendiga contigo a todos los que se crucen contigo.

Un beso muy fuerte

Tu padre

 

 

 

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