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Carta a ti, que profanas capillas

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Querido hermano:

¿Por qué? ¿Por qué tienes que llenar una capilla de pintadas para defender tus ideas, para sentir que estás participando en la construcción de una sociedad más libre? ¿No crees que es contradictorio en sí mismo pedir libertad para abortar e irrumpir y profanar aquello que es sagrado para otros? Si no lo ves, tienes un problema.

Te escribo con pena. No me das pena tú, no quiero que te parezca que soy condescendiente contigo. Me da pena que hayas llegado hasta aquí. Me da pena por todas las heridas no curadas que, sumadas una tras otra, han hecho de tu corazón un lugar sombrío y difícil de habitar. Algo pasa ahí adentro para que uno sea capaz de lanzarse a por otros de esta manera.

Estoy seguro de que lo que has hecho, aunque lo hayas revestido de acto de rebeldía y defensa de lo que tú crees un derecho social, no te ha dejado buen sabor de boca. Estas cosas nunca dejan un buen poso en el interior. Si es así, busca remedio. Hay posibilidades. No tengas miedo de decirlo, de arrepentirte, de buscar algo mejor para ti. No te lo mereces. No dejes que ese fuego que arde en lo profundo, termine devorándote.

Jesús no es una ideología. Los cristianos, los católicos, no estamos en el mundo para arruinar la vida de nadie y para poner en la balanza de la justicia a todo bicho viviente. ¡Bastante tenemos con levantarnos de nuestros propios errores y de nuestros propios fracasos, errores y delitos, en muchos casos! No estamos aquí para eso. No fue eso lo que nos dijo el Maestro. Estamos aquí para traer una Buena Noticia y para intentar que el mundo camine por otros cauces, para proponer a todos que Jesús (no la Iglesia, ni los curas, ni los obispos, ni cada uno de nosotros…) es el Camino, la Verdad y la Vida. A mí me va bien creyendo y siguiéndole. ¿Por qué no pruebas?

Las pintadas de la capilla serán borradas pero ¿y las que han quedado marcadas en tu corazón? Esas son las que preocupan. No te estoy mintiendo. Eres joven y estoy seguro de que tienes sed de muchas cosas. No busques donde no vas a encontrar. Vuelve la vista La paz que ansías, la felicidad que sueñas, está en otro lugar. ¿Por qué debes creerme? Tal vez porque he decidido escribirte y porque, de corazón, tiendo la mano a riesgo de que me la cojas para tirarme al río a mí también.

Vuelve a casa hermano, vuelve a casa. Nuestro Padre te está esperando.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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