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¿Agobiado? Descansa… en Dios

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Hoy tengo uno de esos días en los que siento que he llegado a mi tope y que, lamentablemente, no voy a poder conseguir determinados objetivos que me he planteado. Un día de esos de esfuerzos insuficientes, de flaqueza en el ánimo, de dolor en la cabeza…

He ido comprobando, gracias a mi dilatada experiencia en estudiar y sacarme un título universitario al mismo tiempo que trabajar 8 horas al día y que mantener una familia, que en momentos así, pese a lo que pueda parecer, es necesario alejarse y tomar distancia del foco de la preocupación. Precisamente, a mayor nivel de agobio, mayor necesidad de descanso y de dirigir la mirada hacia otro lugar.

¿Qué me suele funcionar a mí?

  1. Pasear. Ir a caminar, haga el tiempo que haga, es una actividad terapéutica para momentos de agobio. Salir ahí afuera y respirar aire fresco, entrar en contacto con la naturaleza, con la ciudad, con la gente… Mirar hacia arriba y emprender camino sin saber muy bien hacia dónde.
  2. Escuchar música. Buscar el estilo adecuado para cada momento y relajarme con Bruno Mars, con Rondó Veneziano, con Prokoviev, con los Beatles o con Pitbull. La música es una caricia siempre y ayuda a reconectar los nodos afectivos que, con el agobio, nos habían convertido en máquinas ejecutoras en lugar de en personas con sueños, sueños que son el alimento básico de cualquier motivación.
  3. Conversar un ratito al calor de un buen café, con un buen bollito o con una buena pasta. Un ratito simplemente diseñado para ser gastado. Un ratito sin importancia para hablar de cosas sin importancia. Un ratito incluso para no hablar, simplemente para dejar morir a la par que el día.
  4. Sentarme unos minutos frente a un Sagrario. Decirle al Señor lo cansado que estoy, decirle lo poco que me queda de fuerzas, decirle que le necesito, que me sostenga, que no me deje desfallecer… Unos minutos para alinear mi voluntad con la suya.
  5. Hablar con un buen amigo o amiga. Mandarle un whatsapp. Desahogarme con alguien que me quiera, que sepa arroparme con cariño y que recargue mis pilas a base de escucha y de caricias en el corazón. Cuando uno siente que carga con una pesada piedra, se hace necesario deshacerse de ella cuanto antes. El peso nos imposibilita caminar con ligereza y ya el propio camino trae sus dificultades como para aderezarlo con el peso del propio agobio.

No paramos. Vamos de batalla en batalla. ¿Alguien se pensaba que llegaba la hora de descansar? Pues estaba equivocado. Como decía Frodo a Sam en la trilogía de El Señor de los Anillos, “nunca volveremos a la comarca”. Es así. Seguir a Jesús es un camino de no retorno, un darse continuo apasionadamente que no conoce descanso, ¡pero sí alguna pausa que otra! En el fondo, de lo que se trata es de saber que hay momentos en los que MI TAREA DEBE SER DESCANSAR EN DIOS.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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